El viaje se retrasó dos horas, esas dos horas te quedaste
recostada en los brazos de tu esposo. Estuvieron los dos sentados en el piso,
vos semidormida y él atento para cuando le avisen que salía el vuelo.
Fueron cinco horas viajando en el aire hasta llegar a la
Argentina, las cuales te las dedicaste a dormir, anoche no habían dormido casi
nada, y estabas con bastante sueño.
Cuando llegaron, fueron recibidos por hija mayo que salió
corriendo al reencuentro con ustedes, para abrazarlos y que los tres lleguen a
donde estaba tu cuñada esperándolos.
― ¿Cómo estas mi amor? ¿Nos extrañaste? –Iba alzada a tus
brazos, mientras Pedro se encargaba de retirar las valijas.
― Si, muchísimo. Y Oli también, lloro muchas veces a la
noche… Pero después la tía le daba la meme y se quedaba dormida –Y sonreíste
― Yo también las extrañe, muchísimo. Pero le trajimos muchos
regalos
― ¡Siii! –Dijo feliz y vos reíste. Habían llegado donde
estaba Luciana.
Despues de que Pepe retiro las valijas, subieron todos al
auto de tu cuñada, para que puedan desayunar, y claro, buscar a Olivia que
había quedado dormida.
― Increíble San Francisco… Saque miles de todos, después te
las muestro –Dijo Pepe a su hermana – Y Las Vegas es una locura, muy linda
ciudad.
― Compramos algunos regalos para los nenes y para ustedes.
Despues se los damos –Dijiste vos – Nah, si vos ves los shopping te morís. Son
gigantes, y todo barato, te juro.
― Uh, te habrá vuelto loco –Le dijo a su hermano, el cual se
mordió el labio inferior y vos reíste - ¡Tenías que aprovechar, obvio!
Y en eso, el llanto de tu hija se hizo escuchar y como
instinto maternal, que sigue a flor de piel, siempre estuvo a flor de piel, te
paraste. Y tu cuñada te sonrio, para que después de pedir permiso vayas a donde
se encuentre tu hija: en la cama grande rodeada de un lado por unas almohadas y
por el otro por Delfi que la abrazaba suavemente.
Sonreíste al verla y lo primero que hizo ella fue estirar
sus bracitos murmurando un “mamá” que te hizo fallecer, no era la primera vez
que lo escuchabas, pero después de tres semanas era como si te lo hubiera dicho
por primera vez.
― ¡Hola mi amor! –La alzaste, y la abrazaste, la oliste, la
sentiste. La habías extrañado horrores – Hola –Ella te tocaba con sus manitos
toda tu cara y vos se las besabas – Hola gorda hermosa, te extrañe tanto hija
–Le hablabas mientras ella se había recostado en tu hombro, ella también te había extrañado, y por eso es que
estaba un poco angustiada.
― Princesa –Su papá al verla –Hola mi amor, ¿venís con papá?
–Pero ella solo quería los brazos de su madre.
― Esta angustiada –dijiste vos – nos extrañó –sonreíste.
― Sí, les agarraba ataques de llantos a la noche, y después
de cuando hablaban ustedes por teléfono, se angustiaba. Hasta que su hermanita
y sus primos la hacían jugar ¿no Loli?
― ¡Sí! Cantábamos o la hacíamos bailar y se le pasaba –Dijo
feliz.
― Que bien mi amor –su papá- ¿la cuidaste mucho a tu
hermanita?
― Si, dormíamos juntas con Delfi –dijo ella – y cuando
lloraba la tía se acostaba con ella.
Se quedaron un rato comentando del viaje, y escuchando como
la habían pasado estas tres semanas tus hijas con su tía.
Despues de almorzar y de pasar por casa Horacio volvieron a
casa, vos aprovecharías para lavar la ropa del viaje, y estar un ratito con tus
hijas y junto a Pepe.
― Gordo, llamo papá recién. Dijo que nos espera a cenar, así
de paso buscamos a Morito, dice que le agarro un bajón al chancho –dijiste
divertida.
― ¿Me jodes? ¡Lo que faltaba, el perro deprimido! –Y vos
reíste fuerte
― Pobrecito, amor, nunca lo dejamos tanto tiempo solo,
presiente todo al igual que las nenas.
― ¡Es solo un perro! Me voy con Oli a comprar unas facturas,
Loli dijo que se quedaba con vos.
― ¿Qué hace? Bueno,
ojo eh. Ponele un gorrito amor… Dame un beso gordita –Te acercaste y le dejaste
miles de besos en su mejilla para que ella ría.
Ellos se fueron,
entonces vos te acercaste a Lola que estaba en su cuarto, dibujando.
― Hey, hermosa. ¿Qué haces solita?
― Nada –Dijo ella, susurrando, ocultando su carita.
Entonces, vos te acercaste a ella que estaba sentada en su
silla mientras tenía unos cuantos papeles y lápices de colores en un pequeño
escritorio de madera pintado de blanco con florcitas rosas chiquitas.
― Hey, ¿Qué son esas lagrimotas de cocodrilo? –Dijiste, con
tu sonrisa y tu dulzura
― Nada dije – pero ella esta alterada y vos tenes muchísima
paciencia.
― Lo… ¿Por qué lloras? ¿Me queres contar? –Pero ella negó
con su cabeza - ¿Te enojaste conmigo? – Y ahora asintió - ¿Por? –Tu
preocupación.
― Con vos y con papá –Dijo, a secas, todavía no te miraba.
― Hey, mi vida… ¿Me miras? –Y lo hizo - ¿Me queres contar?
Porque la verdad que no me doy cuenta lo que hicimos para que te enojes.
― Porque como Oli lloro ustedes se preocuparon más por ella,
y yo no lloro porque soy grande, pero también los extrañe, y ustedes están
siempre con Oli ahora, y a mí me dejaron solita y por eso me vine a dibujar,
sola, y dibuje solo a Oli y a mí porque estoy enojada con ustedes.
Si hay algo que tiene Lola en común con Pedro es que cuando
empieza a hablar no la para nadie.
― Bueno, a ver… ¿Te puedo contar algo? –Ella asintió – Pero
no tenes que decirle a nadie eh –y ella te ofreció su dedito, para que vos
enredes el tuyo con el de ella – Cuando yo tenía siete años, Gonza, que en ese
momento tenía tres había comenzado el jardín, y tenía un acto, uno parecido a
los que vos tenes –y ella asintió – yo estaba feliz, iba a ver actuar a mi
hermanito por primera vez. Me encanto verlo, supo decir el versito de memoria y
todos los aplaudimos. Pero cuando el acto termino, mis papás fueron a
felicitarlo, y yo también. Despues, fuimos a merendar a una confitería, pero
por primera vez, yo no elegí la torta para todos. La que la eligió fue Gonza,
mis papás empezaron a felicitarlo y a hablar toda la merienda de él, y de mi
hablaban nada, en ese momento me había puesto re mal.
― ¿Y se lo dijiste al abuelo?
― No, por el contrario hice lo mismo que vos: me enoje, y me
fui a mi cuarto. Ese mismo día Gonza estaba jugando en mi cuarto con una caja
con tapa que tenía todos sus juguetes. Se agarró los deditos, entonces empezó a
llorar. Yo, como soy su hermana mayor, deje todos mis enojos, entonces lo ayude
a sacar la manito, y le avise a mi mamá.
― ¿Le paso algo a los deditos del tío?
― No, solo un apretón, que le dolió bastante.
― ¿Y qué paso después?
― Mis papás seguían preocupados por la mano de Gon, pero
también, reconocieron que me había portado muy bien ayudando a mi hermanito, y
avisándole. ¿Sabes que aprendí ese día? –Ella negó- Aprendí a compartir. A
compartir a mis papás, Gonza era mucho más chico que yo, y yo que era la más
grande sabía mucho más cosas que él no, sabía más cosas que él no, sentia otras
cosas que él no. Los pequeños celos que puede haber entre hermanos son
entendibles y aceptables, cuando vos sentís que le damos más atención a Olivia
no es porque la queramos mas a ella y a vos menos, no, no es así, las queremos
a las dos por igual… Y ya tuvimos esta charla, ella necesita más atención por
ser más chiquita
― Pero no quiere decir que no me quieran –completo la frase
y vos le sonreíste.
― Exacto. Es solo un poquito más de atención, pero porque
como decís vos, vos sos más grande, y es normal que no nos extrañes tanto como
Oli si lo hace. Porque vos podes jugar a las muñecas con Delfi o tener una
charla con la tía, Oli todavía es chiquita… ¿Entendes? –Y ella asintió.
― Pero a veces se me olvida – y vos sonreíste.
― Bueno, vamos a recordártelo las veces necesarias ¿sí?
–Ella sonrió - ¿me das un abrazote? – y claro que te abrazo, fuertísimo.
Ustedes se encargaron de preparar la merienda, para que
cuando lleguen Oli y Pepe ya estuviera todo listo, y que la merienda sea a pura
risa.
― Papi, hace el Señor Servilleta a mamá –Le pidió Lola, y
vos sonreíste ¿Qué te habías perdido?
― Mmm, bueno. Pau, ¿me prestas tu servilleta? –Y vos se la entregaste.
Lola salió corriendo en busca de unos anteojos de sol que quedaron en el
living, para entregárselo a su papá y que después de ponerse a un costado para
que no descubras su cara, él tenga en su rostro una servilleta con anteojos.
― Hola, soy el Sr. Servilleta –Dijo el disimulando una voz
más aguda, y ustedes, las tres rieron - ¿Quién es ella? -Y te señalo a vos
― Mamá –dijo Loli.
― ¿Mamá? Hola mamá –te dijo a vos, y vos reías.
― Hola Sr. Servilleta, que lindo conocerlo.
― Hola Oli –Dijo el Sr. –Olivia… -Ella reía, para que él se
levante y le haga cosquillas con su boca en su cuellito, y que Oli termine de
sacarle la servilleta- ¡Hey! Apareció papá –Y estaban hundidos en unas risas
interminables
Hoy a la noche cenaron con tu papá y hermano con tu cuñada,
para contarles lo lindo que les había ido, entregarles sus regalos y que
después de compartir una cena, y vivir el reencuentro con Moro, los cinco,
volvieron a casa. Las nenas se habían dormido en el camino, así que después de
ponerles el pijama, ustedes se acostaron.
― Amor, ¿me haces masajes?
― ¿ahora? – él que ya estaba casi dormido.
― Por fis
― Mañana
― ¡Dale Pedro! Me duele la espalda.
― Quiero dormir…
― Mala onda… unos masajitos no más.
Su suspiro, que cuente hasta diez en voz baja para no matarte
y que se levante, para complacerte.
― Mañana haces un sacrificio vos, ¿ok?
― Te amo, lo sabes.
― Yo también, y me podes, lo sabes –reíste.
Después de esos masajes tan deseados, por vos, obviamente,
lo abrazaste, y asi se durmieron.
Juntos.
Siempre.
Continuara…
Ante ultimo capitulo, y después el epilogo.
Bueno, estoy tranquila.
No se, espero que les guste... Y gracias por leer y comentar
JusPauliter




