Si me hubieran concedido un deseo a los diez años
seguramente hubiera pedido que mi mamá convenza a papá para que me deje
participar en mi primer concurso como bailarina.
Si lo tuviera a los diecisiete hubiera pedido que me dejen
salir a uno de los boliches más conocidos de Palermo.
A los veinte hubiera pedido que mi mamá regrese, que la que
se hubiera ido sea yo, y no ella.
A los veinticuatro mi deseo seria no tenerle tanto miedo a
la señora que me estaba evaluando para al fin, recibirme de maestra maternal.
A los veintisiete mi deseo hubiera sido un beso tuyo.
Y hoy, no sé qué hubiera pedido.
Hace quince minutos que estoy viajando y no sabiendo donde
me estoy dirigiendo, después de encontrar aquel sobre con una llave, la cual no
sé de qué es, a Pedro se les fueron las ganas de jugar a la play, y como si
nada, me dijo que me venda los ojos, que me tenía una sorpresa. Obvio que
insistí en que no era necesario vendarme, pero el gano, y después de cargar a
Lola y Olivia al auto, marchamos, quien sabe dónde.
Él como si nada, se daba el gusto de ir cantando como
siempre esas canciones de Ciro y Los Persas que ya me sé de memoria, y un poco
que me gustan (es que no me queda otra). Es la necesidad de saber a dónde estoy
yendo, querer ir a mí casa, no soporto la idea de que Olivia este con sueño,
que quiera mis brazos y su mamadera, para poder dormirse, no soporto la idea de
que a Pedro no le interese, todo lo contrario, que tenga ganas de “pasear” o
hacerse el misterioso conmigo y con las nenas.
Hoy, no sé si soy yo, o él, pero no lo banco ni un poquito.
Y creo que él tampoco me banca a mí.
Sentí que el auto se frenó, y suspire. No logre escuchar ningún
sonido de tránsito, por eso supuse que no, que no estaba en Palermo y que no había
llegado a casa, parecía que estaba en medio de la ruta, porque ningún sonido lograba escuchar.
― Pedro.
― ¿Qué pasa gorda? Ya llegamos, báncame que te ayudo a
salir.
El abrió la puerta para después abrir una de las traseras y
bajar a Loli y a Oli que seguían con sueño. Espere, hasta que escuche que se abrió
la puerta del acompañante y sentí una de sus manos en mi brazo, para ayudarme a
salir, con cuidado.
― ¿Tenes idea dónde estamos? – Me pregunto, mientras me
abrazaba por la cintura.
― No Pedro, no tengo idea. ¿Podes dejar de hacer estos
jueguitos? ¡Quiero llegar a casa!
― Pero si estamos en casa… ¿O no Loli? ¿En dónde estamos?
― Si papi, en casa –Y si antes no entendía, ahora menos.
― ¿Entonces por qué tanto misterio? Dale gordo, sácame esto…
-Intente sacarme el pañuelo pero él me atajo y bufe, para que él ría.
― Ya casi estamos –Me susurro al oído para dejar un beso en
mi mejilla. Sentí a Olivia acariciar una de mis mejillas, a lo que sonreí y un
poco que me relaje.
― Llegamos papi –Dijo Lola con alegría, y me puse más
ansiosa de lo que estaba.
― Bueno… Agarra a Oli de la mano que yo le saco el pañuelo a
mamá ¿sí?... ¿Estas lista gorda?
― Si –murmure, con una sonrisa. Aunque las sorpresas no me
iban mucho, el hecho de que algo supuestamente lindo me esperaba me hacía
sentir bien, feliz… aunque no sepa que era. Igual, algo sospechaba…
El de apoco desato el nudo, y al instante lo bajo, para que
yo, todavía con mis ojos cerrados, los abra de a poquito.
La casa quinta del amigo de Pepe fue lo primero que vi, estábamos
todavía fuera del parque, es más en la entrada… Y seguía sin entender.
― ¿Qué hacemos acá gordo?
― ¿Cómo que hacemos acá?
― Si… Me dijeron que estábamos en casa, y estamos en la
quinta de tu amigo, ¿esta era la sorpresa? Si yo a la casa ya la conozco…
― Uh, pero que humor…. Mira bien todo, detalladamente. No
todo está igual. –Me dijo con su sonrisa, a lo que un poco me
contagio.
Y ahora me permití mirar todo detalladamente como el me lo había
dicho, pero no encontraba nada diferente: la casa estaba igual, los arboles
todos estaban en su lugar, el pasto verde seguía siendo verde y suave, no entendía
a que se refería. Hasta que vi a Lola acercarse a la tranquera y ahí vi lo diferente…
Una sonrisa enorme se me escapo y me cubrí con mis manos mi boca ¡no lo podía creer!
“Familia Alfonso”
Me di vuelta para encontrarme a aquel hombre que no dejaba
de sorprenderme día a día, para sonreírle, y ya con mis lágrimas rodando por
mis mejillas abrazarlo, fuerte.
― ¡Ay mi amor! No lo puedo creer –Deje miles de besos en su
hombro- ¿Cómo puede ser? ¿Es nuestra? –Y él me sonrió, asintiendo.
― Es nuestra mi amor –Y sonreí, para abrazarlo nuevamente y después
besarlo dulcemente - ¿Te gusta? Bueno, la casa ya la conoces, pero podes
hacerle los cambios que quieras, eso queda todo en vos.
― Me encanta gordo, gracias –Sonreí y lo volví a besar –
Pero sigo sin entender –Dije con una sonrisa. En verdad no entendía.
El no dijo más nada, y entramos a los que ahora era nuestra
casa. Sonrei al pensar en todos los momentos que vivimos acá, porque hacía
más de tres años que veníamos a esta casa, algún fin de semana, a quedarnos a
pasar el día. Recuerdo cuando empezamos a andar, todavía no éramos novios y
vinimos acá a pasar un día lindo, el cual, el mismo día él me propuso ser su
novia, en esta misma casa, también acá nos enteramos que nuestros amigos Lali y
Peter se iban a casar, pasamos muy lindos momentos, como también feo, como
cuando yo no quería saber nada en acostarme en la misma cama que Pedro se había
acostado con Dolores. Pendejadas, que fui superando al pasar el tiempo y darme
cuenta en que en verdad el me elegía a mí como yo lo elijo
a él.
Cuando entramos a la casa algunas cosas estaban cambiada, había
algunos muebles que antes no estaban, y en las habitación que iba a ser para
Lola y Olivia habían comprado nuevas camas, al igual que en nuestro cuarto, la
cama de roble ya no estaba, ahora en su lugar había una un poquito más grande y
con respaldo.
Sonrei, estaba todo más o menos como quería, obviamente que
me iba a tomar mi tiempo para corregir algunos detalles.
¡Seguía sin poder creerlo!
Olivia y Lola jugaban en el comedor, mientras yo hacías una
ensalada, para acompañar con el pequeño asado que estaba haciendo Pedro. Es
todo perfecto y esto me pone feliz: la casa, nuestras hijas, mi amor, Moro….
Todo es tan lindo que parece irreal. Miles de personas me dijeron que me merecía
todo lo bueno, que poco a poco iba a llegar, que la vida me iba a devolver todo
el sufrimiento que pase, como también lo pasaron papá y Gonza, (obvio que el
resto de la familia también) y creo que poco a poco las cosas se están
acomodando, jamás me hubiera imaginado (aunque soñaba) que iba a tener una familia
tan linda como la que tengo, jamás pensé que iba a lograr ser feliz como lo soy
en este momento, jamás pensé en que iba a llegar un momento en mi vida en que
no quiero pedir ningún deseo, todo lo que vivo, todo
lo que siento, todo lo que me rodea para mi es perfecto, y aunque nada ni nadie
es perfecto ese es el secreto para que sea perfecto.
La cena ya está lista, y por eso con ayuda de Loli pongo la
mesa, para después de que se laven las manos, nosotras, las chicas, estemos
sentadas en la mesa, esperando al hombre de la familia que venía con la cena.
Él es el que sirve, y después de ayudar a Lola a cortar la
cena comienza y es con risa y con charlas, con ganas de disfrutarse y con emoción,
de parte mía, porque sigo sin creer el lindo momento que estoy viviendo junto a
ellos, que son mi todo.
― Tintin –Dijo Oli, levantando su vasito de plástico. “Chin-chin”
― Chin-chin –Dijo Lola y choco su vaso con el de su hermana.
Yo no paraba de sonreír.
― Chin-chin mi amor –Le dije a Oli para chocar con su vaso,
y que después choquemos los vasos de los cuatro, juntos.
― Chin-chin –Pronunciamos los cuatro juntos. Y sonreímos.
Estamos los cinco en el living, de fondo suena una linda canción,
la cual hace bailar a Lola y somos nosotros, sus padres los que no dejamos de
mirarla y sonreír desde el sillón, abrazados, mientras Olivia está a upa de su papá
jugando con su cara, para que de vez en cuando ría y que su papá como yo, su
mamá, nos contagiemos, y Moro que quiere unirse a las risas toree para llamar
la atención.
― Mami, ¿bailamos juntitas? –Lola y su dulzura desde el primer
momento hasta siempre. Sonrei y deje un beso en la mejilla de Pepe para después
pararme y agarrarla de las manos y hacerla bailar, entre risas.
Me encontré bailando el trencito con Pepe y con Lola riendo,
mientras Olivia nos miraba sentada en el piso, porque ella todavía no se
animaba a caminar solita.
― ¡Vamos Oli! –Dijo su hermana a unos pasos de ella, dejando
de bailar para estirarle sus bracitos. Pepe conmigo nos quedamos mirando unos
pasos atrás, abrazados, esperando a Olivia que no sabía qué hacer.
― ¡Mamá! –Dijo Oli, y sonreí como cada vez que me lo dice,
no entiendo como todavía no morí de amor. Me mira enojada, esperando a que le
extienda mi mano y así arrimarse a su hermana. Pero yo no pienso moverme, nadie
piensa hacerlo.
― Vamos gordi, vos podes…Veni –Me arrodille al lado de Loli
para que ella mire a Moro, y como él solamente le regalo un beso en su manito,
ella se sostuvo del sillón para pararse y que logre hacer esos tres pasos que
la separaba de su mamá (¡yo!) y su hermana (¡Loli!)
― ¡Viva! –Festejo su hermana y todos la aplaudimos, ella con
su alegría también se aplaudió y se levantó para que, con cuidado llegue a
donde estaba su papá: unos metros más atrás, consumido por la emoción que le
generaba ver a su princesita tan grande, dando sus primeros pasos.
Resto quince minutos para que Olivia se llene de valor y que
ahora ande por toda la casa caminando, con dificultad, claro, pero ¡caminaba! Y
eso, a nosotros, sus papás y también a su hermana nos llenaba de felicidad.
Oli y Lola bailan juntas, mientras Moro que se quiere sumar
a ellas, rodea por la “pista de baile” haciéndolas reír, mientras nosotros las
miramos abrazados en el sillón. Muertos de felicidad.
Él es quien me mira por unos largos segundos, y por eso
decido apartar la vista de mis hijas para mirarlo y que me lo encuentre
sonriendo. Es tan lindo.
― Gracias –Me murmuro- por regalarme esta familia tan linda –Sonrei,
y mis ojos se empañaron. Sumamente sensible.
― Vos también me regalaste mucho a mí, me dejaste sin
deseos, todos me los cumpliste –Acaricio una de mis
mejillas – Gracias a vos – Me sonrió tan cerquita, para que me bese,
suavemente.
― Te amo, y gracias por estar. Siempre.
― Vos me dijiste que siempre hay un motivo para sonreír.
Y ese motivo sos vos, Olivia y Lola.
Me miro con su emoción, con su sonrisa, y yo le regale mi
mirada, acompañada con mi sonrisa también.
Y en este preciso momento me di cuenta que no me hacía falta
nada cuando
ellos lo eran todo.
Fin
Bueno… Llego el final de esta historia, y sigo sin poder
creerlo.
Solo me resta agradecer a todos los que me leyeron, a los
que comentaron, y a los que me bancaron en esos días, porque eran diaS que no subía.
MIL GRACIAS.
También agradecer a Chopp, que me ayudó muchísimo, gracias
por bancarme, enserio. Sos todito.
Y no hay nada más que decir, espero que les haya gustado
esta historia, y nos seguiremos leyendo con No hay tal Crisis.
JusPauliter.





