martes, 5 de agosto de 2014

Epilogo



Si me hubieran concedido un deseo a los diez años seguramente hubiera pedido que mi mamá convenza a papá para que me deje participar en mi primer concurso como bailarina.
Si lo tuviera a los diecisiete hubiera pedido que me dejen salir a uno de los boliches más conocidos de Palermo.
A los veinte hubiera pedido que mi mamá regrese, que la que se hubiera ido sea yo, y no ella. 
A los veinticuatro mi deseo seria no tenerle tanto miedo a la señora que me estaba evaluando para al fin, recibirme de maestra maternal.
A los veintisiete mi deseo hubiera sido un beso tuyo.
Y hoy, no sé qué hubiera pedido.

Hace quince minutos que estoy viajando y no sabiendo donde me estoy dirigiendo, después de encontrar aquel sobre con una llave, la cual no sé de qué es, a Pedro se les fueron las ganas de jugar a la play, y como si nada, me dijo que me venda los ojos, que me tenía una sorpresa. Obvio que insistí en que no era necesario vendarme, pero el gano, y después de cargar a Lola y Olivia al auto, marchamos, quien sabe dónde.
Él como si nada, se daba el gusto de ir cantando como siempre esas canciones de Ciro y Los Persas que ya me sé de memoria, y un poco que me gustan (es que no me queda otra). Es la necesidad de saber a dónde estoy yendo, querer ir a mí casa, no soporto la idea de que Olivia este con sueño, que quiera mis brazos y su mamadera, para poder dormirse, no soporto la idea de que a Pedro no le interese, todo lo contrario, que tenga ganas de “pasear” o hacerse el misterioso conmigo y con las nenas.
Hoy, no sé si soy yo, o él, pero no lo banco ni un poquito. Y creo que él tampoco me banca a mí.
Sentí que el auto se frenó, y suspire. No logre escuchar ningún sonido de tránsito, por eso supuse que no, que no estaba en Palermo y que no había llegado a casa, parecía que estaba en medio de la  ruta, porque ningún sonido lograba escuchar.
― Pedro.
― ¿Qué pasa gorda? Ya llegamos, báncame que te ayudo a salir.
El abrió la puerta para después abrir una de las traseras y bajar a Loli y a Oli que seguían con sueño. Espere, hasta que escuche que se abrió la puerta del acompañante y sentí una de sus manos en mi brazo, para ayudarme a salir, con cuidado.
― ¿Tenes idea dónde estamos? – Me pregunto, mientras me abrazaba por la cintura.
― No Pedro, no tengo idea. ¿Podes dejar de hacer estos jueguitos? ¡Quiero llegar a casa!
― Pero si estamos en casa… ¿O no Loli? ¿En dónde estamos?
― Si papi, en casa –Y si antes no entendía, ahora menos.
― ¿Entonces por qué tanto misterio? Dale gordo, sácame esto… -Intente sacarme el pañuelo pero él me atajo y bufe, para que él ría.
― Ya casi estamos –Me susurro al oído para dejar un beso en mi mejilla. Sentí a Olivia acariciar una de mis mejillas, a lo que sonreí y un poco que me relaje.
― Llegamos papi –Dijo Lola con alegría, y me puse más ansiosa de lo que estaba.
― Bueno… Agarra a Oli de la mano que yo le saco el pañuelo a mamá ¿sí?... ¿Estas lista gorda?
― Si –murmure, con una sonrisa. Aunque las sorpresas no me iban mucho, el hecho de que algo supuestamente lindo me esperaba me hacía sentir bien, feliz… aunque no sepa que era. Igual, algo sospechaba…
El de apoco desato el nudo, y al instante lo bajo, para que yo, todavía con mis ojos cerrados, los abra de a poquito.
La casa quinta del amigo de Pepe fue lo primero que vi, estábamos todavía fuera del parque, es más en la entrada… Y seguía sin entender.
― ¿Qué hacemos acá gordo?
― ¿Cómo que hacemos acá?
― Si… Me dijeron que estábamos en casa, y estamos en la quinta de tu amigo, ¿esta era la sorpresa? Si yo a la casa ya la conozco…
― Uh, pero que humor…. Mira bien todo, detalladamente. No todo está igual. –Me dijo con su sonrisa, a lo que un poco me contagio.
Y ahora me permití mirar todo detalladamente como el me lo había dicho, pero no encontraba nada diferente: la casa estaba igual, los arboles todos estaban en su lugar, el pasto verde seguía siendo verde y suave, no entendía a que se refería. Hasta que vi a Lola acercarse a la tranquera y ahí vi lo diferente… Una sonrisa enorme se me escapo y me cubrí con mis manos mi boca ¡no lo podía creer!
“Familia Alfonso”
Me di vuelta para encontrarme a aquel hombre que no dejaba de sorprenderme día a día, para sonreírle, y ya con mis lágrimas rodando por mis mejillas abrazarlo, fuerte.
― ¡Ay mi amor! No lo puedo creer –Deje miles de besos en su hombro- ¿Cómo puede ser? ¿Es nuestra? –Y él me sonrió, asintiendo.
― Es nuestra mi amor –Y sonreí, para abrazarlo nuevamente y después besarlo dulcemente - ¿Te gusta? Bueno, la casa ya la conoces, pero podes hacerle los cambios que quieras, eso queda todo en vos.
― Me encanta gordo, gracias –Sonreí y lo volví a besar – Pero sigo sin entender –Dije con una sonrisa. En verdad no entendía.
El no dijo más nada, y entramos a los que ahora era nuestra casa. Sonrei al pensar en todos los momentos que vivimos acá, porque hacía más de tres años que veníamos a esta casa, algún fin de semana, a quedarnos a pasar el día. Recuerdo cuando empezamos a andar, todavía no éramos novios y vinimos acá a pasar un día lindo, el cual, el mismo día él me propuso ser su novia, en esta misma casa, también acá nos enteramos que nuestros amigos Lali y Peter se iban a casar, pasamos muy lindos momentos, como también feo, como cuando yo no quería saber nada en acostarme en la misma cama que Pedro se había acostado con Dolores. Pendejadas, que fui superando al pasar el tiempo y darme cuenta en que en verdad el me elegía a mí como yo lo elijo a él.
Cuando entramos a la casa algunas cosas estaban cambiada, había algunos muebles que antes no estaban, y en las habitación que iba a ser para Lola y Olivia habían comprado nuevas camas, al igual que en nuestro cuarto, la cama de roble ya no estaba, ahora en su lugar había una un poquito más grande y con respaldo.
Sonrei, estaba todo más o menos como quería, obviamente que me iba a tomar mi tiempo para corregir algunos detalles.
¡Seguía sin poder creerlo!

Olivia y Lola jugaban en el comedor, mientras yo hacías una ensalada, para acompañar con el pequeño asado que estaba haciendo Pedro. Es todo perfecto y esto me pone feliz: la casa, nuestras hijas, mi amor, Moro…. Todo es tan lindo que parece irreal. Miles de personas me dijeron que me merecía todo lo bueno, que poco a poco iba a llegar, que la vida me iba a devolver todo el sufrimiento que pase, como también lo pasaron papá y Gonza, (obvio que el resto de la familia también) y creo que poco a poco las cosas se están acomodando, jamás me hubiera imaginado (aunque soñaba) que iba a tener una familia tan linda como la que tengo, jamás pensé que iba a lograr ser feliz como lo soy en este momento, jamás pensé en que iba a llegar un momento en mi vida en que no quiero pedir ningún deseo, todo lo que vivo, todo lo que siento, todo lo que me rodea para mi es perfecto, y aunque nada ni nadie es perfecto ese es el secreto para que sea perfecto.
La cena ya está lista, y por eso con ayuda de Loli pongo la mesa, para después de que se laven las manos, nosotras, las chicas, estemos sentadas en la mesa, esperando al hombre de la familia que venía con la cena.
Él es el que sirve, y después de ayudar a Lola a cortar la cena comienza y es con risa y con charlas, con ganas de disfrutarse y con emoción, de parte mía, porque sigo sin creer el lindo momento que estoy viviendo junto a ellos, que son mi todo.
― Tintin –Dijo Oli, levantando su vasito de plástico. “Chin-chin”
― Chin-chin –Dijo Lola y choco su vaso con el de su hermana. Yo no paraba de sonreír.
― Chin-chin mi amor –Le dije a Oli para chocar con su vaso, y que después choquemos los vasos de los cuatro, juntos.
― Chin-chin –Pronunciamos los cuatro juntos. Y sonreímos.
Estamos los cinco en el living, de fondo suena una linda canción, la cual hace bailar a Lola y somos nosotros, sus padres los que no dejamos de mirarla y sonreír desde el sillón, abrazados, mientras Olivia está a upa de su papá jugando con su cara, para que de vez en cuando ría y que su papá como yo, su mamá, nos contagiemos, y Moro que quiere unirse a las risas toree para llamar la atención.
― Mami, ¿bailamos juntitas? –Lola y su dulzura desde el primer momento hasta siempre. Sonrei y deje un beso en la mejilla de Pepe para después pararme y agarrarla de las manos y hacerla bailar, entre risas.
Me encontré bailando el trencito con Pepe y con Lola riendo, mientras Olivia nos miraba sentada en el piso, porque ella todavía no se animaba a caminar solita.
― ¡Vamos Oli! –Dijo su hermana a unos pasos de ella, dejando de bailar para estirarle sus bracitos. Pepe conmigo nos quedamos mirando unos pasos atrás, abrazados, esperando a Olivia que no sabía qué hacer.
― ¡Mamá! –Dijo Oli, y sonreí como cada vez que me lo dice, no entiendo como todavía no morí de amor. Me mira enojada, esperando a que le extienda mi mano y así arrimarse a su hermana. Pero yo no pienso moverme, nadie piensa hacerlo.
― Vamos gordi, vos podes…Veni –Me arrodille al lado de Loli para que ella mire a Moro, y como él solamente le regalo un beso en su manito, ella se sostuvo del sillón para pararse y que logre hacer esos tres pasos que la separaba de su mamá (¡yo!) y su hermana (¡Loli!)
― ¡Viva! –Festejo su hermana y todos la aplaudimos, ella con su alegría también se aplaudió y se levantó para que, con cuidado llegue a donde estaba su papá: unos metros más atrás, consumido por la emoción que le generaba ver a su princesita tan grande, dando sus primeros pasos.
Resto quince minutos para que Olivia se llene de valor y que ahora ande por toda la casa caminando, con dificultad, claro, pero ¡caminaba! Y eso, a nosotros, sus papás y también a su hermana nos llenaba de felicidad.

Oli y Lola bailan juntas, mientras Moro que se quiere sumar a ellas, rodea por la “pista de baile” haciéndolas reír, mientras nosotros las miramos abrazados en el sillón. Muertos de felicidad.
Él es quien me mira por unos largos segundos, y por eso decido apartar la vista de mis hijas para mirarlo y que me lo encuentre sonriendo. Es tan lindo.
― Gracias –Me murmuro- por regalarme esta familia tan linda –Sonrei, y mis ojos se empañaron. Sumamente sensible.
― Vos también me regalaste mucho a mí, me dejaste sin deseos, todos me los cumpliste –Acaricio una de mis mejillas – Gracias a vos – Me sonrió tan cerquita, para que me bese, suavemente.
― Te amo, y gracias por estar. Siempre.
― Vos me dijiste que siempre hay un motivo para sonreír. Y ese motivo sos vos, Olivia y Lola.
Me miro con su emoción, con su sonrisa, y yo le regale mi mirada, acompañada con mi sonrisa también.
Y en este preciso momento me di cuenta que no me hacía falta nada cuando ellos lo eran todo.

Fin
Bueno… Llego el final de esta historia, y sigo sin poder creerlo.
Solo me resta agradecer a todos los que me leyeron, a los que comentaron, y a los que me bancaron en esos días, porque eran diaS que no subía. MIL GRACIAS.
También agradecer a Chopp, que me ayudó muchísimo, gracias por bancarme, enserio. Sos todito.
Y no hay nada más que decir, espero que les haya gustado esta historia, y nos seguiremos leyendo con No hay tal Crisis.


JusPauliter.

viernes, 1 de agosto de 2014

Capitulo 200


Nace una flor, todos los días sale el sol…

Despertarte por los ronquidos de Pedro no es lo mejor, y desvelarte… Lo peor.
Al ver la hora te queres pegar tres tiros, y pensas en que queres seguir durmiendo, te obligas a querer seguir durmiendo. Pero no.
Cinco y media de la mañana, y entre los ronquidos de Moro más los de Pedro que cada vez son más fuerte, ¿Cómo poder seguir durmiendo?
El malhumor te invade. Respiras hondo, y salís de la cama.
Pasas por la cocina y salís con una botellita de agua. Todavía esta oscuro, pero crees que no va a faltar mucho para que el amanecer empiece.
Decidís recorrer la habitación de tus hijas, para vigilar su sueño y al encontrarlas a las dos totalmente dormidas (como a vos te gustaría estar) sonreís, y salís para el patio donde te espera una de las reposeras, y simplemente te dedicas a ver aquel cielo.
Te estremeces cuando notas aquella brisa que choca con tu cuerpo y que es capaz que se te erice la piel. Tus pupilas se agrandan a tal hermoso paisaje y unas lágrimas rodean tus mejillas, crees que no hay nada más lindo que ver un amanecer, ¡y hace cuanto que no lo hacías!
Tus ojos quedaron fascinados, admirados, hipnotizados ante tal paisaje. Una lagrima recorrió tu rostro, tu corazón no latía de la misma manera, ya no eras la misma…Y sentís que tus gusta, que está bien así. Cuando pensas mil veces en el día que tu vida cambio y para bien, es porque en verdad de algún modo estás de acuerdo con este cambio, sentís que él fue el que en gran parte hizo este cambio… si bien todo comenzó antes de conocerlo, crees que tu vida volvió a comenzar justo en ese preciso momento en que lo viste entrar con su cara de preocupación, de nerviosismo, y que vos, con tu sonrisa lograste su tranquilidad.
Recordas aquel momento a la perfección y es increíble cómo, cuándo sentís que es un día en que va a ser como los demás, que no va a pasar nada interesante, justamente ese día termina cambiándote la vida, toda tu vida.
Sonreís, amas a aquel hombre con todo tu corazón, con todo, no te cabe más amor en tu cuerpo, él es todo y más.
Sentiste como se abría la puerta, y apareció él con su sonrisa contagiosa y en cuestión de segundos él está a tu lado robándote tu lugar y dejando que te recuestes sobre su cuerpo cálido que te abrazaba, queres estar toda tu vida así.
¿No es lindo? –Tu vista no se salía de aquel paisaje – Siento… como una libertad, ¿no te pasa?
Sentiste su mirada, su sonrisa y al instante deposito un cálido beso en tu mejilla.
Sería capaz de quedarme horas así. Es lo más lindo del día. –sonreíste, asintiendo.
Secaste tus lágrimas y bajaste la vista, para ahora fijarla en sus ojos, esos que te dan paz, viste como te sonreía y le sonreíste, para besarlo, suavemente.
¿En qué pensas? –vos y tu curiosidad.
Pienso… en que no te puedo amar más de lo que lo hago. Te amo tanto, tanto. Te veo, y me enamoras, estés distraída con algo, jugando con Olivia o Lola, bailando… Hasta mirando el amanecer, y me enamoras, mucho –Sonreís, y te mordes tu labio inferior. Te puede completamente.
Sos muy lindo –acariciaste con una de tus manos su mejilla, están tan cercas y se miran fijamente que llegas a sentir que con solo mirarse se pueden decir todo el amor que sienten el uno por el otro – te amo –murmuraste- con todo mi todo.
Te amo – murmuro él también para que se hundan en un beso dulce y pausado, lleno de amor.
El silencio reinaba y la paz que sentían estar los dos juntos, disfrutándose, de simplemente vos escuchar sus latidos del corazón que eran pausados y relajados y él de sentir tu calidez, tu olor, tu amor. Crees que escuchar los ronquidos de Pedro y Moro y desvelarte, sin duda valió la pena, y estás tan relajada en los brazos de él que sos capaz de adormilarte y él también.
Mi amor –murmuro Pedro después de un largo tiempo en silencio ambos - ¿te dormiste? –pregunto suavemente.
Vos no queres hablar, no queres moverte, queres seguir así, mil años más si es posible. Pero por lo contrario levantaste la cabeza para mirarlo, y que te encuentres con su sonrisa adormilada.
Escucho llorar a Oli desde la pieza. ¿Me dejas levantar, así voy a ver qué pasa? –Y ahí fuiste capaz de escuchar a tu hija llorar. Entonces, no sabiendo de donde sacaste ganas, te levantaste, y que lo veas a él entrar a la casa, seguido por vos.
Lamentablemente tenías que volver a la realidad, ya eran las diez de la mañana y tus hijas habían despertado y con hambre.

¡Gordo! Le gritaste desde la pieza de Olivia y Lola - ¿Me podes venir ayudar? ¡No puedo sola! –Vos cambiabas a Olivia y Lola a la misma vez, mientras él “las esperaba” mirando uno de esos documentales que solamente a él le pueden gustar.
¿Lo peor? Las apuraba. Almuerzan en casa de su papá.
¿Y por qué no me dijiste antes? – llega él con su malhumor, por haberlo sacado de su lugar preferido: el sofá.
¿Me jodes?  No es necesario que te avise, sabes que no puedo cambiarlas las dos a la vez.
Pero me decís y está todo más que bien. A ver, veni Loli que te pongo las zapas.
Una vez listas, salieron los cuatro, junto a Morito para casa de Horacio a disfrutar de un almuerzo familiar.
Cuando llegaron fue el dueño de la casa quien los recibió para que después de saludar a sus nietas te salude a vos, y por ultimo a su hijo.
Que te encuentres con Ana en la cocina ayudando a Caro con las ensaladas y que sonrías al verlas. No podes creer que, aunque no sigan juntos, mantengan una relación increíble, que Horacio la invite a los asados familiares, como ella también lo invito (y obviamente a sus hijos) a su cumpleaños. Te pone feliz por Pedro, porque aunque no diga nada, sabes que es un regalo inmenso el ver a sus padres y que se lleven tan bien después de todo lo que paso.
La familia sigue llegando y es la una y media cuando el cocinero avisa que todo está listo, y por eso, todos se sientan en la mesa del patio, a disfrutar de este almuerzo.
Así que comenzas a trabajar Pauli Te dijo Anita, que te había escuchado hablar de este tema.
Sí, en realidad no es que no trabajaba, estoy dando clases en la escuelita –explicaste – y comencé a trabajar también en la academia de Maxi, pero conseguí una guardería cerca de casa, en donde pienso llevar a Olivia y de paso, pasar más tiempo juntas.
¿Y con Loli como se van a arreglar? –Pregunto Fede.
Mi princesa este año comienza la escuela Dijo su papá contento va a ir de turno mañana así, cuando vuelve Pau, ella también vuelve a casa.
¿Cómo te preparas para el cole Loli? Pregunto su abuela.
No quiero ir Dijo ella, y ustedes rieron- Mamá dijo que voy a hacer mucho más amiguitos, y que me va a gustar aprender.
Te va a gustar mucho dijo Lu y después, le enseñas cosas a Oli, como escribir o leer.
Pero ella es chiquita todavía dijo Lola, divertida no sabe ni hablar.
También hay que enseñarle Loli dijo su papá y vos sonreíste.
Despues de un almuerzo con charla, se quedaron todos en el patio disfrutando del lindo día que les había tocado, los hombres jugando al futbol, y las mujeres obviamente, siguiendo con la charla (que nunca finalizo), mientras las más chiquitas: Delfi, Lola y Oli dibujaban en la mesa con su abuela que está completamente enamorada
Ahora falta el varón, Pau te dijo Caro, y vos apartaste la mirada de Fran que jugaba con Pepe, para que sonrías.
Te juro que me encantaría –Dijiste con tu sonrisa –Pero también pienso en que Oli es chiquita todavía.
Los nenes son más unidos a la mamá, es como que tienen más filin Explico Luciana Fran es re pegote a mí, al contrario de Delfi, que esta enamoradísima de su papá –Sonrió.
Bueno, Loli y Oli también Lo ven a Pedro y ya sonríen, lo aman mil. Y además que Pedro tiene una debilidad inmensa por las dos.
Y por vos también ¡Lo re podes Pau! Dijo esta vez Sonia para que vos rías.
Lo volvemos loco entre las tres –Dijiste, divertida.
Sin dudas, el varón Pau. Le va ea venir de diez a Pepe Dijo Lu, para que nuevamente rían.
Cerca de las cuatro, Olivia no paraba de llorar del sueño que tenía, Lola también estaba insoportable (del sentido bueno, si lo hay) ambas estaban con sueños y vos, tenías a un marido jugando a la play con tus cuñados y sobrino.
¿Cómo lo vas a sacar de ahí? Todavía no lo sabes.
Gordo, ¿vamos yendo?  Las nenas están cansadas… Olivia no deja de llorar.
¿Justo ahora Paula? Acóstala en la pieza de mi viejo. Un partidito más y estoy.
No, dale Pedro. Termina y vamos.
Ok, anda buscando la llave, después estás media hora buscándola en la entrada de casa.
La tenías vos. ¿Dónde quedo?
Fíjate en el bolsillo de la campera.
¡Sos un vago! ¿Dónde quedo la campera?
Y saliste a buscarla por el living, donde la encontraste en uno de los sillones, revolviste en uno pero no encontraste nada, Luciana que te decía que Olivia no paraba de llorar, ¡y lo sabias! La escuchabas, y más de malhumor te ponía. Buscaste en el otro bolsillo y fue entonces donde te topaste con algo que te sorprendió.

¡Pedro! ¿Qué es esto? 


FIN.
Bueno, como odio las despedidas, y es obvio que soy malisima, no les regalo un adiós si no un hasta luego. 
Llegamos a los docientos capítulos y no lo puedo creer que haya logrado terminar una historia (¡al fin!). 
Pero es obvio que esto no termina acá, se viene un Epilogo que termina de cerrar esta linda historia.
Espero sus ultimos comentarios, y GRACIAS.

martes, 29 de julio de 2014

Capitulo 199


El viaje se retrasó dos horas, esas dos horas te quedaste recostada en los brazos de tu esposo. Estuvieron los dos sentados en el piso, vos semidormida y él atento para cuando le avisen que salía el vuelo.
Fueron cinco horas viajando en el aire hasta llegar a la Argentina, las cuales te las dedicaste a dormir, anoche no habían dormido casi nada, y estabas con bastante sueño.
Cuando llegaron, fueron recibidos por hija mayo que salió corriendo al reencuentro con ustedes, para abrazarlos y que los tres lleguen a donde estaba tu cuñada esperándolos.
― ¿Cómo estas mi amor? ¿Nos extrañaste? –Iba alzada a tus brazos, mientras Pedro se encargaba de retirar las valijas.
― Si, muchísimo. Y Oli también, lloro muchas veces a la noche… Pero después la tía le daba la meme y se quedaba dormida –Y sonreíste
― Yo también las extrañe, muchísimo. Pero le trajimos muchos regalos
― ¡Siii! –Dijo feliz y vos reíste. Habían llegado donde estaba Luciana.
Despues de que Pepe retiro las valijas, subieron todos al auto de tu cuñada, para que puedan desayunar, y claro, buscar a Olivia que había quedado dormida.
― Increíble San Francisco… Saque miles de todos, después te las muestro –Dijo Pepe a su hermana – Y Las Vegas es una locura, muy linda ciudad.
― Compramos algunos regalos para los nenes y para ustedes. Despues se los damos –Dijiste vos – Nah, si vos ves los shopping te morís. Son gigantes, y todo barato, te juro.
― Uh, te habrá vuelto loco –Le dijo a su hermano, el cual se mordió el labio inferior y vos reíste - ¡Tenías que aprovechar, obvio!
Y en eso, el llanto de tu hija se hizo escuchar y como instinto maternal, que sigue a flor de piel, siempre estuvo a flor de piel, te paraste. Y tu cuñada te sonrio, para que después de pedir permiso vayas a donde se encuentre tu hija: en la cama grande rodeada de un lado por unas almohadas y por el otro por Delfi que la abrazaba suavemente.
Sonreíste al verla y lo primero que hizo ella fue estirar sus bracitos murmurando un “mamá” que te hizo fallecer, no era la primera vez que lo escuchabas, pero después de tres semanas era como si te lo hubiera dicho por primera vez.
― ¡Hola mi amor! –La alzaste, y la abrazaste, la oliste, la sentiste. La habías extrañado horrores – Hola –Ella te tocaba con sus manitos toda tu cara y vos se las besabas – Hola gorda hermosa, te extrañe tanto hija –Le hablabas mientras ella se había recostado en tu hombro, ella  también te había extrañado, y por eso es que estaba un poco angustiada.
― Princesa –Su papá al verla –Hola mi amor, ¿venís con papá? –Pero ella solo quería los brazos de su madre.
― Esta angustiada –dijiste vos – nos extrañó –sonreíste.
― Sí, les agarraba ataques de llantos a la noche, y después de cuando hablaban ustedes por teléfono, se angustiaba. Hasta que su hermanita y sus primos la hacían jugar ¿no Loli?
― ¡Sí! Cantábamos o la hacíamos bailar y se le pasaba –Dijo feliz.
― Que bien mi amor –su papá- ¿la cuidaste mucho a tu hermanita?
― Si, dormíamos juntas con Delfi –dijo ella – y cuando lloraba la tía se acostaba con ella.
Se quedaron un rato comentando del viaje, y escuchando como la habían pasado estas tres semanas tus hijas con su tía.
Despues de almorzar y de pasar por casa Horacio volvieron a casa, vos aprovecharías para lavar la ropa del viaje, y estar un ratito con tus hijas y junto a Pepe.  
― Gordo, llamo papá recién. Dijo que nos espera a cenar, así de paso buscamos a Morito, dice que le agarro un bajón al chancho –dijiste divertida.
― ¿Me jodes? ¡Lo que faltaba, el perro deprimido! –Y vos reíste fuerte
― Pobrecito, amor, nunca lo dejamos tanto tiempo solo, presiente todo al igual que las nenas.
― ¡Es solo un perro! Me voy con Oli a comprar unas facturas, Loli dijo que se quedaba con vos.
― ¿Qué hace?  Bueno, ojo eh. Ponele un gorrito amor… Dame un beso gordita –Te acercaste y le dejaste miles de besos en su mejilla para que ella ría.
 Ellos se fueron, entonces vos te acercaste a Lola que estaba en su cuarto, dibujando.
― Hey, hermosa. ¿Qué haces solita?
― Nada –Dijo ella, susurrando, ocultando su carita.
Entonces, vos te acercaste a ella que estaba sentada en su silla mientras tenía unos cuantos papeles y lápices de colores en un pequeño escritorio de madera pintado de blanco con florcitas rosas chiquitas.
― Hey, ¿Qué son esas lagrimotas de cocodrilo? –Dijiste, con tu sonrisa y tu dulzura
― Nada dije – pero ella esta alterada y vos tenes muchísima paciencia.
― Lo… ¿Por qué lloras? ¿Me queres contar? –Pero ella negó con su cabeza - ¿Te enojaste conmigo? – Y ahora asintió - ¿Por? –Tu preocupación.
― Con vos y con papá –Dijo, a secas, todavía no te miraba.
― Hey, mi vida… ¿Me miras? –Y lo hizo - ¿Me queres contar? Porque la verdad que no me doy cuenta lo que hicimos para que te enojes.
― Porque como Oli lloro ustedes se preocuparon más por ella, y yo no lloro porque soy grande, pero también los extrañe, y ustedes están siempre con Oli ahora, y a mí me dejaron solita y por eso me vine a dibujar, sola, y dibuje solo a Oli y a mí porque estoy enojada con ustedes.
Si hay algo que tiene Lola en común con Pedro es que cuando empieza a hablar no la para nadie.
― Bueno, a ver… ¿Te puedo contar algo? –Ella asintió – Pero no tenes que decirle a nadie eh –y ella te ofreció su dedito, para que vos enredes el tuyo con el de ella – Cuando yo tenía siete años, Gonza, que en ese momento tenía tres había comenzado el jardín, y tenía un acto, uno parecido a los que vos tenes –y ella asintió – yo estaba feliz, iba a ver actuar a mi hermanito por primera vez. Me encanto verlo, supo decir el versito de memoria y todos los aplaudimos. Pero cuando el acto termino, mis papás fueron a felicitarlo, y yo también. Despues, fuimos a merendar a una confitería, pero por primera vez, yo no elegí la torta para todos. La que la eligió fue Gonza, mis papás empezaron a felicitarlo y a hablar toda la merienda de él, y de mi hablaban nada, en ese momento me había puesto re mal.
― ¿Y se lo dijiste al abuelo?
― No, por el contrario hice lo mismo que vos: me enoje, y me fui a mi cuarto. Ese mismo día Gonza estaba jugando en mi cuarto con una caja con tapa que tenía todos sus juguetes. Se agarró los deditos, entonces empezó a llorar. Yo, como soy su hermana mayor, deje todos mis enojos, entonces lo ayude a sacar la manito, y le avise a mi mamá.
― ¿Le paso algo a los deditos del tío?
― No, solo un apretón, que le dolió bastante.
― ¿Y qué paso después?
― Mis papás seguían preocupados por la mano de Gon, pero también, reconocieron que me había portado muy bien ayudando a mi hermanito, y avisándole. ¿Sabes que aprendí ese día? –Ella negó- Aprendí a compartir. A compartir a mis papás, Gonza era mucho más chico que yo, y yo que era la más grande sabía mucho más cosas que él no, sabía más cosas que él no, sentia otras cosas que él no. Los pequeños celos que puede haber entre hermanos son entendibles y aceptables, cuando vos sentís que le damos más atención a Olivia no es porque la queramos mas a ella y a vos menos, no, no es así, las queremos a las dos por igual… Y ya tuvimos esta charla, ella necesita más atención por ser más chiquita
― Pero no quiere decir que no me quieran –completo la frase y vos le sonreíste.
― Exacto. Es solo un poquito más de atención, pero porque como decís vos, vos sos más grande, y es normal que no nos extrañes tanto como Oli si lo hace. Porque vos podes jugar a las muñecas con Delfi o tener una charla con la tía, Oli todavía es chiquita… ¿Entendes? –Y ella asintió.
― Pero a veces se me olvida – y vos sonreíste.
― Bueno, vamos a recordártelo las veces necesarias ¿sí? –Ella sonrió - ¿me das un abrazote? – y claro que te abrazo, fuertísimo.
Ustedes se encargaron de preparar la merienda, para que cuando lleguen Oli y Pepe ya estuviera todo listo, y que la merienda sea a pura risa.
― Papi, hace el Señor Servilleta a mamá –Le pidió Lola, y vos sonreíste ¿Qué te habías perdido?
― Mmm, bueno. Pau, ¿me prestas tu servilleta? –Y vos se la entregaste. Lola salió corriendo en busca de unos anteojos de sol que quedaron en el living, para entregárselo a su papá y que después de ponerse a un costado para que no descubras su cara, él tenga en su rostro una servilleta con anteojos.
― Hola, soy el Sr. Servilleta –Dijo el disimulando una voz más aguda, y ustedes, las tres rieron - ¿Quién es ella?  -Y te señalo a vos
― Mamá –dijo Loli.
― ¿Mamá? Hola mamá –te dijo a vos, y vos reías.
― Hola Sr. Servilleta, que lindo conocerlo.
― Hola Oli –Dijo el Sr. –Olivia… -Ella reía, para que él se levante y le haga cosquillas con su boca en su cuellito, y que Oli termine de sacarle la servilleta- ¡Hey! Apareció papá –Y estaban hundidos en unas risas interminables

Hoy a la noche cenaron con tu papá y hermano con tu cuñada, para contarles lo lindo que les había ido, entregarles sus regalos y que después de compartir una cena, y vivir el reencuentro con Moro, los cinco, volvieron a casa. Las nenas se habían dormido en el camino, así que después de ponerles el pijama, ustedes se acostaron.
― Amor, ¿me haces masajes?
― ¿ahora? – él que ya estaba casi dormido.
― Por fis
― Mañana
― ¡Dale Pedro! Me duele la espalda.
― Quiero dormir…
― Mala onda… unos masajitos no más.
Su suspiro, que cuente hasta diez en voz baja para no matarte y que se levante, para complacerte.
― Mañana haces un sacrificio vos, ¿ok?
― Te amo, lo sabes.
― Yo también, y me podes, lo sabes –reíste.
Después de esos masajes tan deseados, por vos, obviamente, lo abrazaste, y asi se durmieron.
Juntos.
Siempre.


Continuara…
Ante ultimo capitulo, y después el epilogo. 
Bueno, estoy tranquila.
No se, espero que les guste... Y gracias por leer y comentar

JusPauliter

lunes, 28 de julio de 2014

Capitulo 198


Reías y él se contagiaba de vos, mientras no paraba de besarte tu cuello y que claro, te haga cosquillitas, es la quinta vez que le pedís que pare, que te hace cosquillas, pero él no es capaz de parar, para nada, y por eso es que te alza, logra abrir la puerta y te besa con todo su amor, para que vos sonrías.
― ¡Pedrooo! –Te quejaste obvio.
― No grites –Dijo divertido. Había cerrado la puerta del dormitorio, para dejarte nuevamente en el piso, y que te abrace, siguiendo con los besos.
― ¡No podes besarme así, en un ascensor! Ya sé que saben que estamos en Luna de Miel y todo, pero es una falta de respeto –Y el reía, de vos.
― Pareces una viejita rezongona. ¿Te pego el casorio?
― No, ¿sabes que me pega? Que dejamos a las nenas solas. Oli es chiquita… Y ya sé que tu hermana es re cuida, pero me da cosita.
― No quiero hablar de eso, ya lo dejamos claro, ¿no? –Vos asentiste- las nenas están re bien con Lu, disfrutemos de nuestro momento. ¿Sí? –Te murmuro y vos asentiste – Te amo
― Te amo mi amor –Te sonrió, y vos lo besaste con todo tu amor.
Y así comenzaban su historia de amor como casados.
Como maridos y mujer en ciudad linda como lo es New York. Habían decidido esta ciudad para empezar su viaje de boda, que después en la próxima semana ir por la costa oeste y pasear por San Francisco, Los Ángeles y Las Vegas, y luego finalizar por una semana visitando las playas de Cancún. Si, eran tres semanas, bastante para vos al principio, el dejar a tus hijas lejos no te divertía tanto, pero era un tema recontra re hablado con Pedro, el cual, te convenció de que este viaje iba a ser inolvidable para ustedes dos, que lo necesitaban como pareja, para estar solos, al menos por unos días. El tener dos hijas pequeñas no tenía mucho tiempo de disfrutarse como en realidad le gustaría. Además vas a visitar lugares hermosos, estas con tu amor, con tu vida, con tu marido, para toda la vida junto al hombre que amas.
― Mi amor –Te dijo él que esta de costado mirándote, mientra te acaricia tu cintura. Vos giras para verlo, y te encontras con esa sonrisa y esos ojos color miel cristalinos, esos que te pueden completamente.
Entonces, vos giras tu cuerpo para verlo completamente y que te acerques para abrazarlo un poquito.
― ¿Por qué me miras así? –Dijiste, sonriendo. Él sonreía grande, por eso no te aguantaste y lo besaste, con todo tu amor - ¿Qué pasa?
― Me encanta estar así con vos, no hay nada más lindo que estar las veinticuatro horas del día con vos, simplemente mirándote, o decirte lo cuanto te amo, demostrando lo cuanto que te amo –sonreíste – y creo que recién caigo, todo lo lindo que me regalaste, que me regalas todos los días. Desde el primer día, cuando me regalaste esa sonrisa y esa tranquilidad, que no quería dejar sola a Lola –Vos reíste, asintiendo, recordando aquel día.
― Morías de miedo
― Pero me diste confianza, desde un principio. Te juro que no hay nada más lindo verte sonreír, no hay nada más lindo saber que, sos solo mía, sos mi mujer, mi esposa –sonreíste – y me regalaste tantas cosas, mínimas como tu sonrisa, estar siempre, en los momentos buenos y en los malos, bancarme al principio con mis miedos, con no saber bien como cuidar a Lola, regalándome tu amor, a mí y a ella, regalándome entrar en tu vida, y que vos entres en la mía, revolucionándola para bien, para más que bien, ¡regalándome un encuentro con mi mamá! Después de años sin saber nada de ella –sonreíste, y demás esta decir que ya estabas emocionada hasta las lágrimas- regalándome una hija preciosa, regalándome una familia, amor, paz, vida –sonreíste, lo amas tanto, tanto a este hombre – y estoy más que convencido, que quiero pasar el resto de mi vida al lado tuyo, con mucho mas hijitos, amándonos, para siempre. Siempre, siempre, siempre.
― Lograste hacerme llorar eh, eso es lo que querías, ¿no? –sonreíste y ya estabas amarrada a él sonriéndole muerta de amor, y besándolo como si fuera lo único que queres en la vida, y en este momento es lo que queres – Te amo, te amo, te amo. No hay hombre más dulce que vos.
― Y cursi, y maricon –Dijo él, riendo para que vos te contagies. El también lloraba.
― Pero te amo así, cursi y maricon, dulce y sonriente, dejándome sin palabra, no es fácil que alguien me deje sin palabra eh.  –Sonreíste y él se rio – te amo con tu chuequera, porque es obvio que vos el chueco, yo no –Rio nuevamente –con tus ronquidos, hey, ¡no me mires así! Ya no da que le eches la culpa a Moro pobrecito, te amo así, con lagañas y con ronquidos, con tu obsesión por sacar fotos a algo mínimo, con la cámara en mano. –Sonrieron – Te amo con el corazón en las manos. Te amo cantando –Rieron, y le besaste su nariz – Te amo así, porque soy así, porque sos así. Te amo abrazando, te amo besando, te amo sonriendo, llorando. Amo tus ojos. Te amo sintiendo, te amo enamorando. Amo ver como sonreís cuando estas con nuestras hijas, amo verte en roll de papá, amo que me cuides. Te amo porque sos el nombre al que elijo día a día, todos los días. Y te juro que amo estar enamorada de vos, porque no hay estado más lindo del alma. 
Te amo por todo eso, te amo por ser todo eso, sos mi cien por cien, sos la persona que me llena.
Tu sonrisa, y la de él con sus lágrimas rodando por sus mejillas, su emoción y tu beso dulce y lleno de amor, el de él, agradeciendo tus palabras, demostrándote lo cuanto que te ama.
― Te amo, para siempre –Le murmuraste vos, si poder dejar de besarlo.
― Te amo mi amor. Sos lo más lindo que tengo.
― Quiero estar siempre con vos. Con vos me siento segura, me siento en paz, me siento en casa.
― Vos sos mi lugar favorito, mi persona favorita. ¿Y sabes qué?
― ¿Qué? –le sonreíste.
― Vos y yo, juntos… Somos invencible –sonreíste. Y volvieron a besarse, con todo el amor que se tiene el uno al otro.
― Te amo.
― Te amo.

Y así, el viaje de ustedes dio inicio, donde no dudaron ni un segundo en aprovecharse el uno al otro, demostrándose lo cuanto que se aman, disfrutando del paisaje, de las excursiones, de las culturas, de los regalos pequeños como sonreírse que se hacen todo el tiempo, y amando la posibilidad de mirarse, de sentirse, de amarse, de estar los dos, juntos.
Paseos, paisajes, miles de fotos, regalos para la familia, para tus hijas, hasta para Moro.
Recordar los lindos dos meses que pasaste en Los Ángeles, mostrándole y volviéndolo loco a Pedro mostrándole cada detalle, cada lugar donde visitaste, lo que viviste. Y obvio llevándolo a los shopping que recorriste y que jamás te cansarías de visitar.
Y a los tres días pasar por la ciudad más loca e iluminada: Las Vegas. Y aunque a ustedes no se le daba por ir a casinos, no se daba muchas oportunidades para estar en Las Vegas, así que, como nunca aprovecharon de los casinos y de algunos conciertos de bandas que conocían ustedes. Y la última semana se la tomaron para relajar en las playas de Bora Bora, para disfrutar del sol, y claro que de algunas caminatas nocturnas por la orilla del mar.
― Una carrera –Dijiste para salir corriendo, riendo, y que el salga detrás de ti.
Que te alcance para que te tome por la cintura y que de un solo movimiento tu cuerpo caiga a la arena blanca y fina, para que al instante el cuerpo de él choque arriba del tuyo. Y que rías.
― ¡Hey! Era una carrera, no vale –Te quejaste, como tal nena. Y el reía.
― Sos una mala jugadora, ¡saliste antes!
― Vos sos un mal perdedor –rozaste tu nariz con la de él.
― No –dejo un beso en tu mejilla para que sonrías.
― ¡No te muevas! –Es que él ya se levantaba - ¿Sabes de que me acorde? Cuando me cantaste… Estábamos también en la playa.
― No estoy en edad de cantar ahora. Ya soy un tipo casado, con hijas… no. –Y vos te lo quedaste mirando divertida – Ya paso esa tapa… oscura de mí.
― ¡Ay, Pedro! Cántame… Dale, sos muy lindo cantando.
― No, soy horrible.
― Sos hermoso –Le murmuraste, y empezaste a dejar besos dulces en sus mejillas, nariz – dale – murmuraste antes de besarlo.
― ¿Qué te canto? –Sonreíste, obvio que sabias como convencerlo.
― La que más te guste a vos –le sonreíste, abrazándolo por la cintura.
― Mmm, bueno. Yo no sé, lo que me pasa cuando estoy con vos –Te lo dijo hablando y vos sonreíste. – Me hipnotiza tu sonrisa, me desarma tu mirada, y de mí no queda nada me derrito como un hielo al sol –Comenzó a cantar - cuando vamos a algún lado nunca elijo yo, porque lo único que quiero es ir contigo. Vivo dando vueltas a tu alrededor como un perro abandonado que en la calle te siguió. –Vos murmurabas la letra, porque claro que te sabias la canción- pero yo no soy tu prisionero, y no tengo alma de robot, es que hay algo en tu carita que me gusta, que me gusta y se llevó mi corazón oh, oh –Y sonreíste, para abrazarlo por el cuello y besarlo dulcemente.
― Te amo, cada vez cantas más lindo mi amor –Sonreíste
― Vos sos linda. Demasiado –Se sonrieron para volver a un beso hermoso.

Cuando llegaron al hotel, se metieron entre besos al jacuzzi que había en la habitación, para después entregarse el uno al otro en cuerpo y alma, haciendo el amor en el más puro de los estados.

Continuara…
AYYYYY. Poquitisimo para el final!
Por favor, quiero, les ruego, me pongo de rodilla, quiero sus comentarios.
No me molesta que me digan siempre lo mismo, o que siempre comenten, todo lo contrario, amo que comenten. Y más en la etapa final de la novela.
GRACIAS

JusPauliter.

viernes, 18 de julio de 2014

Capitulo 197


El día tan esperados para vos, tanto como para Pedro había llegado. 

Hoy, veintidós de noviembre. Nueve de la mañana y vos estabas poniendo uno de los zapatitos a Oli que combinaba con su vestido floreado. Esta preciosa, al igual que su hermana mayor que lucía una pollerita negra con lunares blancos, una remerita blanca con su camperita haciendo compase y una media cola en su cabello castaño claro. 
Vos lucís una un vestido sueltito color  manteca, acompañados con las sandalias del mismo color, y un peinado especial que te hicieron. Pepe esta de traje azul con una camisa blanca, sin corbata, porque no quiso y sus zapatos negros. Están muy lindos los cuatro y eso te pone muy contenta y ansiosa, queres encontrarte con tu familia, con el juez que los va a casar, y después volver a casa, para almorzar en familia. Y que el resto de la tarde te la dediques exclusivamente a vos para hoy a la noche. Necesitas que todo salga perfecto, y hasta que no estés ya casada, festejando, no vas a estar tranquila.
Te sale por naturaleza, vos sos así: perfeccionista y rompe bolas (en el sentido bueno, si lo hay).
― Gorda, ¿ya estás? –Pedro que hace quince minutos está listo, al igual que Olivia y Lola.
Odias que te apuren, y por eso respiras hondo y te apuras para buscar tu cartera, y encontrarte con ellos que te están sonriendo. Estas muy linda.
― Listo –les sonreíste. A pedido tuyo se sacaron una foto los cuatro contra el reflejo del espejo del fondo del pasillo que amas, profundamente. Y cuando logran una foto linda después del segundo intento, vos alzas a Oli y salen para el juzgado en donde te espera tu gente, la de Pedro y el juez.

El salón donde están te parece chico, te sentís un poco mareada y supones que es por el calor. Por el calor, los nervios, y las ansias que sentís. 
Cuando llega la juez, que les sonríe ampliamente, y vos te relajas un poco, ustedes se ponen de pie, y empieza la ceremonia.
A tu lado izquierdo esta Pedro quien te toma de tu mano, del otro esta tu papá, y del lado izquierdo de Pepe esta Anita, feliz de vivir este momento junto a su hijo y a su nuera, vos.
Es la juez quien les nombra todas las leyes, las cuales ustedes asienten, estando de acuerdo. Luego, les hace firmar la libreta de matrimonio, y que se miren por un instante ustedes dos, para que se sonrían. Te emocionas, y no sabes cómo va a ser en la ceremonia de la iglesia, que es más emotiva. 
― Una vez ya leídas las leyes y ustedes, Paula Chaves, Pedro Alfonso, estar de acuerdo. Los declaro marido y mujer –Les sonríe, y ahora vos lo vez a él que te mira con la misma emoción que vos lo miras, para luego sonreírse, y besarse suavemente, abrazarse. Y que los aplaudan, felices por ustedes.
― Te amo –Le dijiste vos emocionada en su oído mientras están abrazados.
― Te amo, mi amor.
― Muy bien, señora Alfonso –Te dijo la juez, y vos sonreíste – Señor Alfonso, su libreta de matrimonio –Se las entrego y entonces se sacaron una foto con la juez y la libreta.
No dan más de felicidad.
Cuando la ceremonia acabo, ustedes se quedaron agradeciendo a la juez, para después salir afuera, donde los esperaban sus familiares con el arroz en la mano.
― ¿Es necesario? –Preguntaste vos, y sí. Es necesario.
― ¡Miedo! –Te dijo Pepe, para que ustedes sonrían y al fin salir, para que le tiren el arroz y rían, felices.
Los miles de saludos y felicitaciones, los abrazos eternos, las sonrisas y lágrimas. No das más de feliz, y vivir esto con la gente que queres te pone mucho más feliz.
Despues de unas fotos, ustedes se despidieron del resto, y salieron a casa de Miguel, porque hoy almorzaban allá, con tu papá, hermano y cuñada, y tus suegros con tus cuñados y sobrinos.
Ocho y media de la tarde y no dabas más de los nervios. Te tenían encerrada en un cuarto, con la modista, la peinadora, maquilladora y Eve. Estas ansiosa, emocionada y con muchas ganas de ver a Pedro.
Necesitas verlo antes de que salgas, y lo veas en el altar. Y por arte de magia tocan la puerta, y presentís que es él, queres que sea él.
― Déjame verla, por favor –Lo escuchaste y te diste vuelta. Eve luchaba contra que no, obvio que era mala suerte ver a la novia con vestido antes, o eso decían.
Agarraste una toalla y se la tiraste a Eve
― Ponete esto –Le dijo ella, entonces cuando él le hizo caso, y ella se encargó de que no vea ni un poquito, los dejaron solos. 
― Amor… ¿Dónde estás? –Dijo él y vos sonreíste, entonces te acercaste para abrazarlo por el cuello y que el sonría al instante – Hola.
― Estas muy lindo mi amor
― Vos también –Levantaste una ceja – lo sé, porque si con un pijama estas hermosa, con el vestido de novia estas el triple de hermosa –Y reíste.
― Te amo –Lo besaste suavemente – Siempre.
― Siempre, siempre juntos. Quiero pasarme mi vida siempre a tu lado.
― Yo también, siempre juntitos –Lo abrazaste con más intensidad, y él te beso, con todo su amor – Anda, dale gordo.
― Si… Chau –Te beso – te amo mi vida.
― Te amo – último beso y él se fue. Bueno, casi que se mata al chocarse con una de las sillas, vos reíste, y por suerte encontró la puerta.
Suspiraste, enamoradísima.
Despues de los últimos retroques, llego la hora, y tu papá hizo presencia. Salieron a la entrada de la iglesia, y las vistes a ellas dos: a tus dos amores, a tus dos vidas: Loli y Oli, quien estaba tomada de la mano de su hermana, porque no camina solita, Loli lleva los anillos y Oli una canastita con flores. Las amas.
― Estás hermosa mami –Te dijo Lola y vos le sonreíste.
― Vos también mi amor, las dos, están hermosas –Dejaste un beso en las mejillas de las dos – Las amo. ¿Estás nerviosa? 
― Un poquito –Y sonreíste – papá dijo que está nervioso, ¿vos estás nerviosa? 
― También, un poquito.
Las hicieron callar, porque una melodía empezó a sonar y ya era la hora.
― ¿Lista? – te murmuro tu papá con su sonrisa y sus ojos cristalinos.
― Sí – murmuraste, también con tu sonrisa y tu emoción.
― Te quiero mucho ¿sí? Y estoy feliz por vos y por Pepe.
― Yo también te quiero, mucho. Me encanta que me estés apoyando, como siempre lo hiciste.
― Siempre te voy a apoyar mi amor –Sonreíste, feliz. Y un poco que te abrazo de costado. 
Viste entrar a tus dos hijas con un pasito lento, hasta el altar, donde fueron recibidas por su papá, para que después se queden a un costadito con Lu y Sonia. 
Te retocaron la cola de tu vestido, y después les dieron el okey, para que entres por esa alfombra roja, acompañada de tu papá. Y que la emoción te invada, al ver a toda la gente que esperabas ver, que hacía mucho no veías, y que simplemente por aquella gente que siempre estuvo para vos, para Pepe. Sentías que uno de tus sueños se cumplían, estas entrando al altar con tu papá, para entregarte al amor de tu vida, el padre de tus hijas, el hombre con el que queres vivir toda una vida junto a él, el que te entiende, te acompaña y te enamora siempre, todos los días, con cada pequeño acto que hace, sea una mirada, un abrazo, un “te amo”, un reto, te enamora, siempre.
Llegas a su lado, y se miran, emocionados, con sus sonrisas que transmiten todo el amor que se tienen el uno por el otro. Unís tu mano con la de él y el sacerdote los mira, trasmitiéndole una paz que solo los curas, avece te dan en estos momentos.
Y sin dar muchas vueltas la ceremonia empieza, y sus palabras te emocionan, te hacen llorar un poquito, capaz que a veces sonreís y porque no, reis, lo vez a Pedro y si, recontra confirmas que es el hombre al que vos elegís, todos los días de tu vida.
Bendijo los anillos, les dio unas palabras, para que después sea hora de entregar los anillos el uno al otro.
― Pedro Alfonso, ¿quieres recibir a Paula Chaves como esposa, y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y, así, amarla y respetarla todos los días de tu vida? –Pregunto el sacerdote.
― Sí, quiero –Dijo, sin dudar Pedro. Y se te escapo una sonrisa acompañada de una lágrima.
― Paula Chaves,  ¿quieres recibir a  Pedro Alfonso, como esposo, y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y, así, amarle y respetarle todos los días de tu vida? –Le sonreíste.
― Sí, quiero.
― El señor, que hizo nacer entre vosotros el amor, confirme este consentimiento mutuo, que habéis manifestado ante la Iglesia. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. Hecho las preguntas necesarias, Pedro Alfonso, Paula Chaves, ¡Los declaro marido y mujer! –Sonrieron –Puede besar a la novia caballero – Se miraron, se sonrieron, se abrazaron, y se besaron con todo el amor que sentían. Escuchaste los aplausos y estabas tan emocionada.
― Al fin maridos y mujer –Dijiste vos, feliz.
― Al fin sos señora Chaves de Alfonso –Dijo él y vos sonreíste –te amo mi amor, siempre te voy a amar, siempre.
― Para toda la vida, te amo –se volvieron a besar.

Sonreías bailando con Lola de la mano y con Oli a upa. Las estaban disfrutando, vos estabas disfrutando, Pedro estaba disfrutando, toda la gente querida que estaba con ustedes estaba disfrutando. Y te llenaba el alma el saber que había salido todo como lo planearon, disfrutaste tanto, tanto. 
Fue cuando se acercó Pedro, tú marido, a ustedes, que vos le sonreíste ampliamente, y después de alzar a Loli él te abrazo suavemente a vos por la cintura, para que queden los cuatro cerquitas. Y que los cuatro se encuentren con sus miradas, que Loli te abrace por el cuello y que sea Oli quien intente acariciar la mejilla de su papá, pero a veces puede ser tan bruta.
― ¿Cómo las están pasando? – Pregunta él a sus mujeres.
― ¡Bien! –Dijo Loli, con alegría. Ella está feliz que de una vez por todas sus papás se hayan casado.
― ¿Enserio? –Ella asintió y él le sonrió. Vos también sonreíste – Yo también la estoy pasando muy bien.
― Es imposible no pasarla bien si estamos juntitos, los cuatro –dijiste vos.
― Es verdad –Dijo Loli – la pasamos muy bien los cuatro juntitos.
― Y con todas las personas que nos quieren –Dijo Pepe – Pero ustedes son mis personas preferidas –Le sonreíste.
― Las mía también –Vos – Los amo, son lo más lindo que tengo 
― Yo también los amo, son los papis y Oli hermanita más lindos que tengo –Sonrieron, para llenarla de besos.
― Las amo –Dijo esta vez Pepe, y Oli pego un gritito, para que ustedes rían – Ya sabemos que nos amas también Oli –Rieron otra vez.
Felices, de tenerse el uno al otro.

  Continuara...
¡No aflojen con los comentarios justo ahora!
Por favorrrr, los necesito.
Gracias, nos leemos.
JusPauliter.

miércoles, 16 de julio de 2014

Capitulo 196



Estas sentada en el pasto, en tu patio, en compañía de Moro, quien necesita de tus mimos, por eso apoya su cabecita en una de tus piernas para que lo acaricies.
Aprovechas del silencio, sabiendo que en minutos finaliza la hora de siesta que hace Olivia, y que después, llegan las chicas, para organizar todo para hoy a la noche.
Hace ocho meses que Pedro te confirmo la fecha de casamiento, y desde ese momento vos, junto a él no pararon para organizar detalle por detalle este evento tan importante para ustedes dos, bueno, evento para el resto, porque para ustedes el hecho de que se van a unir para formarse en marido y mujer era el acto de amor más verdadero, más emocionante que crees, vas a vivir.
Y solo faltan dos semanas para aquella fecha, veintidós de noviembre.
En todo este año que está finalizando, el cual se te pasó increíblemente volando, llego el primer añito de tu hija más pequeña, Olivia. La vez cada día más hermosa, más inteligente, es increíble cómo se ingenia para alcanzar las cosas, o cuando la vez que se quiere parar, y se agarra de lo más cerca tiene para ir agarrada, caminando hasta su objetivo. Te enamora en todos los sentidos, no hay nada más lindo que verla crecer, y a la vez doloroso, recordas  cuando era aún más chiquita y solo necesitaba de su mamá, y ahora, como decís vos, es toda una piba independizada que solo le interesa hacer macanas, y jugar, con lo que se le cruce por el camino, igual, no hay etapa más linda y más divertida que esta, todos los días te sorprende y la amas, amas tanto su locura tan linda.
También llego el cuarto año de Loli a principio de año, que ya está hecha una señorita, según ella, también, la locura de ella, y sus preguntas, su forma de expresarse, de decirte lo cuanto te quiere, que te abrace de la nada, y que debes en cuando pida acostarse con ustedes en la cama grande, son una de las pocas cosas que aman de ella, sin dudas es la princesa de la casa, como Oli, y ustedes, obvio, tratan de darle todo a las dos, para consentirlas y mimarlas.
Te das cuenta que ya pasaron cuarenta minutos y que tenes que sacar la torta del horno, no queres arruinarla. Cuando estas desmoldándola, te encontras con él en el marco de la puerta, con su sonrisa, la cual te puede tanto, y amas, sin dudas.
Le sonreís, para volver a lo que estás haciendo, entonces él se acerca a vos.
― El rico olor me despertó –Te dijo, y vos sonreíste, sobrándolo.
― Mentiroso – Lo viste, para que él se esté riendo y que te abrace un poquito para dejar un beso en tu mejilla - ¿Oli sigue durmiendo? –El asintió
― Casi que me tira de la cama la gorda –Reíste – Igualita a su mamá
― Por lo hermosa me imagino que lo decís.
― Y morcita –Tu O perfecta reflejada en tu cara y el rio descaradamente.  
― ¡Pedro! No tenes cara
― Te amo boba –Te beso dulcemente hasta que escucharon a Oli llorar, había despertado – Yo voy –le sonreíste para dejarle un beso y que él se vaya para encontrarse con tu hija que lo reclamaba.
Fuiste a preparar el equipo de mate, porque en un ratito llegaban tus amigas, y querías que este todo listo, cuando saliste de la cocina, te los encontraste a él con Olivia en sus brazos, todavía con sueñito, amarrada a su cuello. Hasta que te vio y quiso ir con vos.
― Hola mi amor –Le dijiste, con una sonrisa, para que ella estire sus bracitos pidiéndote que la alces.
― Hey, estas con papá –Dijo él quejándose – déjala a mamá sola – amago irse para el living cuando Olivia se enojó, entonces ustedes rieron, y termino en tus brazos. – Que vendida, hija –Reíste, para dejar un beso en la mejillita de tu hija y que ella se apoye en tu pecho.

Media hora después el timbre suena y es Pedro quien abre la puerta, vos estas en pleno cambio de pañal de tu hija, para que después de cambiarla, lleguen juntas y se encuentren con tus amigas quienes les sonríen, enamoradas de la ternura de tu hija que sigue con fiaca y por eso esta mimosa.
― Bueno, nosotros con Oli nos vamos a buscar a Lola, ¿no gorda? –Despues de unos ricos mate, se hizo la hora de buscar a Lola, vos seguías con tus amigas hablando, y ansiaban a que Pedro no este, para hablar de lo importante: tú vestido de boda.
― Ojo eh, están muy lindos –Vos, enamoradísima. Te levantaste a ponerle una camperita finita a tu hija, para después darle un beso en su mejilla y otro a su padre –Los amo.
― Nosotros a vos –Dejo otro beso él  - espero que no nos chillen los oídos, ¿no, Oli?
― Lamento defraudarte Pepe –Dijo Eve, para que riéramos, y ellos, al fin, se vayan.
Y ahora sí, que se pongan manos a la obra. Con torta y mates, discutieron pequeños detalles para hoy a la noche: tú despedida de soltera.
― Hablando enserio, no se zarpen mucho eh.
― Sos la segunda que se va a casar, así que, va con todo… Con todo lo que vos nos permitas –dijo Eve, para que vos rías.
― Ella y Pepe –Dijo Sofí.
― ¡Que Pepe! Él también va a tener su despedida de soltero y nadie dijo nada. –Meli.
― Lo que sí, me da un poquito de culpa dejar a Oli sola, es chiquita…
― Va a estar con Pepe, además, ¿no dijiste que iba a venir tu cuñada?
― Si, que se yo.
― Relaja gorda. ¿Y el tema salón? ¿Lo arreglaste?
― Si, por suerte Cami –la chica que te ayuda a organizar todo – se arregló para que este todo como a mí me gustaba, así que todo está arreglado, falta el tema fotógrafo, que Pepe estaba negociando con uno de sus compañeros, y también quiere que vaya alguien a cantar, además de La, que ella se ofreció.
― ¿Y a quien quiere él?
― Él es conocido de Andrés Ciro, así que iba a hablar con él. Además, le canta Los Piojos.
― Me encanta, ¡que genial! –Dijo Meli, y la charla continua.
Cerca de las siete, ellas se fueron, y vos te fuiste a duchar, para después salir con tu bata y decidir con ayuda de Loli que te vas a poner para hoy a la noche.
― No, ese no. –Dijo Pedro, refiriéndose a un vestido. Él está en la cama, sentado con Olivia que intenta cambiar los canales de la televisión y aprovecha para desconfigurar todo.
― ¿Por qué no? –Pregunto Lola. El vestido es hermoso, un poquito cortito pero no tanto, negro, ajustado al cuerpo con unos detalles que lo hacen más lindo.
― ¡Es muy corto! –Dijo, obvio.
― Ay, Pedro. Si vamos a estar en casa de Eve, solas.
― Por eso mismo.
― Dale, no jodas. –Y él se mordió su labio, para que después suspire hondo y vos rías, junto a Loli. Y que después, sin entender mucho, Oli se sume a ustedes riéndose exageradamente, para que ahora, rieran junto a Pepe.
Te maquillaste, te planchaste el pelo, organizaste las cositas que ibas a llevar en tu cartera, y sonreíste, hacía mucho que no te preparabas para salir (aunque solo ibas a ir a casa de Eve). Por un lado querías ir, sabias que te ibas a divertir, además ibas a ver a Juampi y a Flor que hacia un montón que no los veías, como a Gas, y a los demás chicos, aquellos amigos que tuviste en tu secundaria, que se siguieron juntando, pero no tanto como antes. Y por otro lado, la idea de dejar sola a Olivia, es decir, que no iba a estar con su mamá, no te divertía mucho, pero bueno, sabes que de apoco te tenes de desprender de ella, como ella desprenderse de vos. Es necesario, aunque cueste.
Zai, te mando un mensajito que estaba afuera esperándote, entonces te apuraste, todavía estabas retocándote.
―  Amor, me voy –Le gritaste, saliendo del baño para ir al living en busca de tu cartera.
― ¿Ya?
― Si gordo,  van a ser las nueve. Esta Zai esperándome –Dejaste un beso en la mejilla de Loli – Cualquier cosa me llamas ¿sí?
― Bueno, disfruta, y si salís, avísame por favor
― Si, papi –Sonreíste, para besarlo dulcemente –Te amo –Dejaste un beso en la mejilla de Oli y saliste, para el auto de Zai.

El recibimiento de tus amigos (los que habían llegado) te hizo recordar los divertidos y en como le gusta festejar, cualquier cosa, una despedida de soltero, como un cumpleaños, algo simple, pero ellos siempre con buena onda para que sea especial, única.
― ¡Llego la soltera! –Dijo Gas – Bueno, aun sos soltera hey –Dijo divertido para que vos rías, y que todo empiece a ser una fiesta.
Las miles de fotos, las carcajadas, los tragos, cervezas, fernet, gancia… Disfraz.
Si, disfraz.
Siendo media noche, ustedes ya cenaron e hicieron sobre mesa. Ahora están en el living de tu amiga, son más o menos veinte personas que no dejan de hablar y de reír.
― Bueno, hey –Levanto la voz Eve y te miro – Tenemos un disfraz para Pau.
― ¡Uhhh! – Comentario, entre otros de tus amigos.
― Esperen, tranquilos –Dijo ella, divertida -¿Pasas al cuarto? –Y vos que estas alegre de estar reunida con la mayoría de tus amigos, y alegre, porque tomaste un poquito de más de Gancia, te fuiste feliz, sacándote los zapatos para llegar al cuarto. Y que te encuentres con un disfraz de enfermerita.
Lo primero que pensaste fue “¡Ok!”
Pensaste en que no te quedaba otra, que tenías que disfrutar, y por eso, a los diez minutos, te arrimaste al marco de la puerta, para que le des el okey a Eve, y que ella se encargue de poner una música, totalmente bizarra, nada esperada con el traje que llevabas puesto, y un poco divertida.
Saliste para que rompas en carcajadas, y que te encargues de bailar, con pasos inventados por vos, para que después, saques a tus amigos a bailar. Y que sin dudas, para vos, sean los mejores.
Tres de la mañana y tus amigos se están despidiendo de vos, que también te estas por ir.
― Nos vemos Pochi –Dice Meli que te deja un beso en tu mejilla, para que se abracen.
― Nosotras también nos vamos, ¿no Zai? –Vos.
― Si negri, vamos.
Entonces te despediste de Sofí y de Eve, para que salgas con Zai para tu casa.
Que bien lo habías pasado. Te habías divertido, habías reído, y amaste reencontrarte con gente que hacía tiempo no veías.
Cuando llegaste a casa, te despediste de Zai, para entrar y que como te imagines, todo este apagado, entonces, que dejes tu cartera en el living, para prender la luz de la cocina e ir por un vaso de agua.
Que te asustes cuando unas manos toquen suavemente tu cintura y que sonrías, al ver que se trataba de Pedro, que te dejo un beso cálido en tu hombro.
― ¡Pedro! Bobo, me asustaste –Sentiste su sonrisa.
― Perdón, quería fijarme si habías llegado en condiciones –Te diste vuelta y le sonreíste divertida- en perfectas condiciones estas –Reíste, para que te bese dulcemente - ¿Cómo la pasaste?
― Muy bien –sonreíste – nos divertimos mucho –lo besaste - ¿ustedes?
― Pf –reíste – empezamos, comiendo unas patitas de jamos y queso –reíste más – después, nos acostamos los tres en la cama grande para ver Barbie y las doce princesas, increíble –Reíste, y lo abrazaste por el cuello – Que película dramática. Se te muere el padre, y queda la tia acargo que resulta ser una malvada, y después para salvar el reino bailan entre las dos, y sin queres encuentran un pasaje donde es un lugar mucho más lindo y no sé qué más… -Te mordiste tu labio inferior ocultando una sonrisa.
― Se ve que aprestaste atención igual eh.
― Y si, si Loli me preguntaba… -Reíste - ¿Tomaste mucho?
― No. Gancia no más –Le sonreíste, para abrazarlo y que su cuerpo choque con el tuyo.
― ¿Cuánto? –Pregunto divertido.
― ¿Importa? –Le sonreíste, rozando tu labio con el suyo.
―Mmm, no –Le sonreíste, para besarlo, lento, dulce. Para que después le muerdas suavemente su labio inferior y profundizaste el beso para que te acaricie una de tus mejillas y que vayan camino al cuarto.

Reíste cuando él te mordió suavemente tu oreja para que pegue su cuerpo al tuyo, y que vos cierres los ojos.
― Te amo.

― Te amo.

Continuara...
Ultimos cuatro (mas epilogo) 
Lloro mil años. 
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