Nace una flor, todos los días
sale el sol…
Despertarte
por los ronquidos de Pedro no es lo mejor, y desvelarte… Lo peor.
Al ver
la hora te queres pegar tres tiros, y pensas en que queres seguir durmiendo, te
obligas a querer seguir durmiendo. Pero no.
Cinco y
media de la mañana, y entre los ronquidos de Moro más los de Pedro que cada vez
son más fuerte, ¿Cómo poder seguir durmiendo?
El
malhumor te invade. Respiras hondo, y salís de la cama.
Pasas
por la cocina y salís con una botellita de agua. Todavía esta oscuro, pero
crees que no va a faltar mucho para que el amanecer empiece.
Decidís
recorrer la habitación de tus hijas, para vigilar su sueño y al encontrarlas a
las dos totalmente dormidas (como a vos te gustaría estar) sonreís, y salís para
el patio donde te espera una de las reposeras, y simplemente te dedicas a ver
aquel cielo.
Te
estremeces cuando notas aquella brisa que choca con tu cuerpo y que es capaz que se te erice la piel. Tus pupilas se agrandan a tal hermoso paisaje y unas lágrimas
rodean tus mejillas, crees que no hay nada más lindo que ver un amanecer, ¡y
hace cuanto que no lo hacías!
Tus
ojos quedaron fascinados, admirados, hipnotizados ante tal paisaje. Una lagrima
recorrió tu rostro, tu corazón no latía de la misma manera, ya no eras la
misma…Y sentís que tus gusta, que está bien así. Cuando pensas mil veces en el
día que tu vida cambio y para bien, es porque en verdad de algún modo estás de
acuerdo con este cambio, sentís que él fue el que en gran parte hizo este cambio… si bien todo comenzó antes de conocerlo, crees que tu vida volvió a
comenzar justo en ese preciso momento en que lo viste entrar con su cara de preocupación,
de nerviosismo, y que vos, con tu sonrisa lograste su tranquilidad.
Recordas
aquel momento a la perfección y es increíble cómo, cuándo sentís que es un día
en que va a ser como los demás, que no va a pasar nada interesante, justamente
ese día termina cambiándote la vida, toda tu vida.
Sonreís,
amas a aquel hombre con todo tu corazón, con todo, no te cabe más amor en tu
cuerpo, él es todo y más.
Sentiste
como se abría la puerta, y apareció él con su sonrisa contagiosa y en cuestión de
segundos él está a tu lado robándote tu lugar y dejando que te recuestes sobre
su cuerpo cálido que te abrazaba, queres estar toda tu vida así.
― ¿No es
lindo? –Tu vista no se salía de aquel paisaje – Siento… como una libertad, ¿no
te pasa?
Sentiste
su mirada, su sonrisa y al instante deposito un cálido beso en tu mejilla.
― Sería
capaz de quedarme horas así. Es lo más lindo del día. –sonreíste, asintiendo.
Secaste
tus lágrimas y bajaste la vista, para ahora fijarla en sus ojos, esos que te
dan paz, viste como te sonreía y le sonreíste, para besarlo, suavemente.
― ¿En qué
pensas? –vos y tu curiosidad.
― Pienso…
en que no te puedo amar más de lo que lo hago. Te amo tanto, tanto. Te veo, y
me enamoras, estés distraída con algo, jugando con Olivia o Lola, bailando…
Hasta mirando el amanecer, y me enamoras, mucho –Sonreís, y te mordes tu labio
inferior. Te puede completamente.
― Sos muy
lindo –acariciaste con una de tus manos su mejilla, están tan cercas y se miran
fijamente que llegas a sentir que con solo mirarse se pueden decir todo el amor
que sienten el uno por el otro – te amo –murmuraste- con todo mi todo.
― Te amo –
murmuro él también para que se hundan en un beso dulce y pausado, lleno de
amor.
El
silencio reinaba y la paz que sentían estar los dos juntos, disfrutándose, de
simplemente vos escuchar sus latidos del corazón que eran pausados y relajados
y él de sentir tu calidez, tu olor, tu amor. Crees que escuchar los ronquidos
de Pedro y Moro y desvelarte, sin duda valió la pena, y estás tan relajada en
los brazos de él que sos capaz de adormilarte y él también.
― Mi amor –murmuro
Pedro después de un largo tiempo en silencio ambos - ¿te dormiste? –pregunto suavemente.
Vos no
queres hablar, no queres moverte, queres seguir así, mil años más si es
posible. Pero por lo contrario levantaste la cabeza para mirarlo, y que te
encuentres con su sonrisa adormilada.
― Escucho
llorar a Oli desde la pieza. ¿Me dejas levantar, así voy a ver qué pasa? –Y ahí
fuiste capaz de escuchar a tu hija llorar. Entonces, no sabiendo de donde
sacaste ganas, te levantaste, y que lo veas a él entrar a la casa, seguido por
vos.
Lamentablemente
tenías que volver a la realidad, ya eran las diez de la mañana y tus hijas habían
despertado y con hambre.
― ¡Gordo! – Le gritaste desde la pieza de
Olivia y Lola - ¿Me podes venir ayudar? ¡No puedo sola! –Vos cambiabas a Olivia
y Lola a la misma vez, mientras él “las esperaba” mirando uno de esos
documentales que solamente a él le pueden gustar.
¿Lo
peor? Las apuraba. Almuerzan en casa de su papá.
― ¿Y por qué no me dijiste antes? – llega él
con su malhumor, por haberlo sacado de su lugar preferido: el sofá.
― ¿Me jodes? No es necesario que te avise, sabes que no
puedo cambiarlas las dos a la vez.
― Pero me decís y está todo más que bien. A ver, veni Loli que
te pongo las zapas.
Una vez
listas, salieron los cuatro, junto a Morito para casa de Horacio a disfrutar de
un almuerzo familiar.
Cuando
llegaron fue el dueño de la casa quien los recibió para que después de saludar
a sus nietas te salude a vos, y por ultimo a su hijo.
Que te
encuentres con Ana en la cocina ayudando a Caro con las ensaladas y que sonrías
al verlas. No podes creer que, aunque no sigan juntos, mantengan una relación
increíble, que Horacio la invite a los asados familiares, como ella también lo
invito (y obviamente a sus hijos) a su cumpleaños. Te pone feliz por Pedro,
porque aunque no diga nada, sabes que es un regalo inmenso el ver a sus padres
y que se lleven tan bien después de todo lo que paso.
La
familia sigue llegando y es la una y media cuando el cocinero avisa que todo
está listo, y por eso, todos se sientan en la mesa del patio, a disfrutar de
este almuerzo.
― Así que comenzas a trabajar Pauli –Te dijo Anita, que te había escuchado hablar de este tema.
―Sí, en realidad no es que no trabajaba,
estoy dando clases en la escuelita –explicaste – y comencé a trabajar también
en la academia de Maxi, pero conseguí una guardería cerca de casa, en donde
pienso llevar a Olivia y de paso, pasar más tiempo juntas.
― ¿Y con Loli como se van a
arreglar? –Pregunto Fede.
― Mi princesa este año comienza la escuela –Dijo su papá contento – va a ir de turno mañana así, cuando vuelve Pau, ella también vuelve a casa.
― ¿Cómo te preparas para el cole
Loli? –Pregunto
su abuela.
― No quiero ir –Dijo ella, y ustedes rieron-
Mamá dijo que voy a hacer mucho más amiguitos, y que me va a gustar aprender.
― Te va a gustar mucho –dijo Lu – y después, le enseñas cosas a Oli, como escribir o
leer.
― Pero ella es chiquita todavía –dijo Lola, divertida – no sabe ni hablar.
― También hay que enseñarle Loli –dijo su papá y vos sonreíste.
Despues
de un almuerzo con charla, se quedaron todos en el patio disfrutando del lindo
día que les había tocado, los hombres jugando al futbol, y las mujeres
obviamente, siguiendo con la charla (que nunca finalizo), mientras las más
chiquitas: Delfi, Lola y Oli dibujaban en la mesa con su abuela que está
completamente enamorada
― Ahora falta el varón, Pau – te dijo Caro, y vos apartaste
la mirada de Fran que jugaba con Pepe, para que sonrías.
― Te juro que me encantaría
–Dijiste con tu sonrisa –Pero también pienso en que Oli es chiquita todavía.
― Los nenes son más unidos a la mamá, es como que tienen más filin –Explico Luciana – Fran es re pegote a mí, al contrario de Delfi, que
esta enamoradísima
de su papá –Sonrió.
― Bueno, Loli y Oli también… Lo ven a Pedro y ya sonríen, lo aman mil. Y además que Pedro tiene una debilidad
inmensa por las dos.
― Y por vos también ¡Lo re podes Pau! –Dijo esta vez Sonia para que vos
rías.
― Lo volvemos loco entre las tres
–Dijiste, divertida.
― Sin dudas, el varón Pau. Le va ea venir de diez a
Pepe –Dijo
Lu, para que nuevamente rían.
Cerca
de las cuatro, Olivia no paraba de llorar del sueño que tenía, Lola también estaba
insoportable (del sentido bueno, si lo hay) ambas estaban con sueños y vos, tenías
a un marido jugando a la play con tus cuñados y sobrino.
¿Cómo lo
vas a sacar de ahí? Todavía no lo sabes.
― Gordo,
¿vamos yendo? Las nenas están cansadas…
Olivia no deja de llorar.
― ¿Justo
ahora Paula? Acóstala en la pieza de mi viejo. Un partidito más y estoy.
― No, dale
Pedro. Termina y vamos.
― Ok, anda
buscando la llave, después estás media hora buscándola en la entrada de casa.
― La tenías
vos. ¿Dónde quedo?
― Fíjate
en el bolsillo de la campera.
― ¡Sos un
vago! ¿Dónde quedo la campera?
Y
saliste a buscarla por el living, donde la encontraste en uno de los sillones,
revolviste en uno pero no encontraste nada, Luciana que te decía que Olivia no
paraba de llorar, ¡y lo sabias! La escuchabas, y más de malhumor te ponía.
Buscaste en el otro bolsillo y fue entonces donde te topaste con algo que te sorprendió.
― ¡Pedro! ¿Qué
es esto?
FIN.
Bueno, como odio las despedidas, y es obvio que soy malisima, no les regalo un adiós si no un hasta luego.
Llegamos a los docientos capítulos y no lo puedo creer que haya logrado terminar una historia (¡al fin!).
Pero es obvio que esto no termina acá, se viene un Epilogo que termina de cerrar esta linda historia.
Espero sus ultimos comentarios, y GRACIAS.

Ansiosa por leer el epiligo!!! Cuando lo subis???
ResponderEliminarHermosa novela!!!
me dejaste muda con el final, que fue lo que encontro pau ? espero el epilogo besos me encanto el cap
ResponderEliminar