La veías borrosa, y no era por
nada de ella, sino que la veías tras tus lágrimas. Ella no dejaba de mirarte, y
con sus deditos te apretaba uno de los tuyo, haciéndote saber de qué ella
dependía de vos, de que te necesitaba, al igual que vos la necesitas a ella,
pegadas, sin separarse esta tarde del veintitrés de agosto la cual están
ustedes dos juntitas, inseparables, en la cama de la clínica, en medio de un
silencio lleno de paz y tranquilidad, que en pocos minutos, sabias, se iba a
terminar.
Recorres sus fracciones y no podes
creer que ya está con vos, después de tanta espera, después de unos nueve meses
muy lindos, tranquilos… Aunque este último mes te fue eterno, las ansias te mataron, pero lo tomaste
también con tranquilidad, como ayer, cuando a eso de las once de la noche
rompiste bolsa. Y después de casi una hora, nació tu hija, Olivia, la cual no
deja de mirarte, y te brinda tanto amor, tanto que es inexplicable.
Escuchaste tocar la puerta, y que
al instante aparezca el, con Lola en brazos, y que te sonría, les sonría, para
que vos también lo hagas.
‒ Hola Paupi –Dijo en tono bajito
Lola y sonreíste - ¿Oli está durmiendo?
‒ Hola mi amor… No, esta
tranquilita, mira –Y ella se acercó para ver a su hermana y que le sonría.
Olivia que desvié la mirada a ella y sonrías.
‒ Hola Oli –Dijo ella - ¿La puedo
tener mami?
‒ Sí, claro… ¿Te queres sentar en
la silla? Papa te ayuda. –Porque vos
seguís con un poco de dolor, y no queres
moverte mucho, no hasta que sea la hora de partir a casa.
Pepe alzo cuidadosamente a Oli, y
después de que le indique a Lola como tenerla, se la entregó a ella, y no
parabas de sonreír. La bebe no paraba de mirar a su hermana, quien estaba feliz
por tenerla en sus brazos, fue como… como un amor de hermana a primera vista.
Y después de que ella la tenga y
se miren, sin decirse nada, Pedro dejo a Olivia en su cunita, para que
enseguida entre una enfermera, y después de decirte que después de la tres de
la tarde te daban el alta, siendo medio día, te sirvieron tu almuerzo.
Por suerte las pocas horas que
tenías en la clínica se pasaron rápido. Por lo que te conto Pedro, afuera hacia
demasiado frio, así que, con ayuda de una enfermera abrigaron lo necesario a
Olivia, y después de que vos estés lista, con tu hija en brazos, te despidas de
las enfermeras y doctoras que te atendieron para que salgan por una puerta a la
cochera. Y menos mal que no salieron por las puertas principales. Estaban
periodistas esperándote en la puerta.
‒ Pongámosle buena onda, dale
–Dijo Pedro, y vos después de dejar a Olivia en el auto junto a tu papá y Lola,
salieron los dos, para dar unas pequeñas palabras.
‒ Pau, felicitaciones por la
llegada de Olivia –Una de las periodistas.
‒ Muchas gracias, estamos muy
felices con la llegada de Oli, que por suerte tuvo un buen peso, esta sanita, y
ya podemos ir a casa –Dijiste vos.
‒ ¿Al papá, se le cayó la baba?
‒ Olivia es preciosa, es el calco
de la madre… Y las nenas son mi perdición –Dijo Pedro.
‒ Tu hija, ¿Cómo se tomó la
llegada de su hermana?
‒ Como toda nena de tres años: no
cae mucho, pero está feliz, feliz.
‒ Es como un chiche nuevo –Vos.
‒ ¿Y será una futura bailarina
importante como su mamá?
‒ La hermosura ya la tiene, así
que… -Dijo Pedro para que vos sonrías.
‒ ¿Cómo sos en papel de padre?
¿Celoso o tranquilo?
‒ No soy de hacer escena de celos,
pero a mis hijas no la tocan. –Y que rían.
‒ Es cero celoso, como verán.
‒ Se los ve muy felices chicos,
felicitaciones por su hijita… -Y sonrieron.
‒ Muchas gracias chicos, nos
estamos viendo –Dijiste vos, para volver al auto.
Que un fotógrafo pida fotos,
entonces que poseen ustedes dos, con Lola en brazos de su papá y con Oli tapada
con una mantita.
Cuando llegaron a casa, sentiste
una paz enorme, esa alegría de estar en casa, los cuatro, solos, en familia.
Sonreíste y solo eran ustedes dos,
en su cuarto, las dos en silencio, vos amamantándola, ella agarrando tu dedo
con su manito. No podes dejar de mirarla, esa dulzura que refleja en sus ojos,
ese amor que te hace sentir, es enorme.
‒ Permiso… -Apareció Pedro con su
sonrisa - ¿Cómo va?
‒ Justo acaba de dormirse… Amor
‒ ¿Qué?
‒ Podríamos llevar la cunita a
nuestro cuarto, ¿no? Tengo la necesidad de estar pegada a ella.
‒ Si vos lo queres así, claro. –Y te
beso dulcemente – Ahí la llevo, así la acostas.
‒ Gracias –Y le sonreíste.
Acomodaste a Olivia en su cunita y
fuiste a ver que hacia Lola, y la encontraste en su cama entre dormida,
entonces dejaste un beso en su mejilla y la tapaste por completo. Vos, te
volviste a tu cuarto, donde Pedro también ya estaba acostado, y te acostaste
con él.
‒ Hola hermosa –Vos te apoyaste en
su pecho abrazándolo
‒ Hola –Dejaste un beso en su
mejilla.
‒ ¿Cómo estás? ¿Dolorida?
‒ Si, un poco… Pero es mucho menos
de la felicidad, y las cosas que siento en mi estómago… y en el pecho.
‒ Y eso que recién empieza esto. Yo no sé vos, pero pienso tener mucho,
muchos más hijos con vos, y más si son así de lindos como Oli –Y que sonrías.
‒ Banca, hace horas que nació
Olivia amor.
‒ Por mi empezaríamos ya con un
varoncito.
‒ Soña, hasta el año que viene no
me tocas un pelo –Y que él te mire expectante, para que sonrías y lo llenes de
besos – Mentiraaaa, pero más o menos sí –Y que él te sonría –Ahora soy toda de
Olivia.
‒ Obvio, lo sé. ¿Vos viste como te
queda mirando? Y como que hace ojitos –Y que sonrían los dos.
‒ Es tan linda, te juro que me
mira y me hace sentir una paz, sentirla, que me busque, que me huela, ¿podemos
traerla con nosotros? –Y que sonrían.
‒ Déjala descansar, descansa vos,
que después no vas a dar más… Aprovecha que salió al padre con el tema de
dormir tanto.
‒ Esta bien… Pero si se despierta
la traigo acá –Y que te bese - ¿Me abrazas un poquito?
‒ Obvio mi amor –Y que vos te des
vuelta para que él te abrace y deje besos en tu mejilla.
‒ Sabes que siento que soñé esto,
de formar una familia desde toda mi vida, y ahora como que no caigo.
‒ Te juro que me pasa. Pasa tan rápido
todo, Lola ya con tres años, Olivia ya con nosotros, nosotros por casarnos… Y
pensar que nos costó tanto empezar, éramos como muy vuelteros, ¿no? –Él.
‒ Como toda pareja cuando empieza,
que se yo… Igual si, éramos un poco histéricos.
‒ Vos más, ¿dormimos un ratito?
‒ Si, por fis.
Te abrazo, para que cierren los
ojos.
Y que no pasen menos de cinco
minutos, que Oli este llorando.
Que te des cuenta que de ahora en
más, nada va a ser como antes.
Siempre viendo lo positivo, claro.
Continuara…
JusPauliter.

muy lindo , tengo una duda loli no tenia mas años ? o yo me comfundo... besos espero el siguiente
ResponderEliminarque lindo capítulo,me encanto!!!
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