viernes, 18 de julio de 2014

Capitulo 197


El día tan esperados para vos, tanto como para Pedro había llegado. 

Hoy, veintidós de noviembre. Nueve de la mañana y vos estabas poniendo uno de los zapatitos a Oli que combinaba con su vestido floreado. Esta preciosa, al igual que su hermana mayor que lucía una pollerita negra con lunares blancos, una remerita blanca con su camperita haciendo compase y una media cola en su cabello castaño claro. 
Vos lucís una un vestido sueltito color  manteca, acompañados con las sandalias del mismo color, y un peinado especial que te hicieron. Pepe esta de traje azul con una camisa blanca, sin corbata, porque no quiso y sus zapatos negros. Están muy lindos los cuatro y eso te pone muy contenta y ansiosa, queres encontrarte con tu familia, con el juez que los va a casar, y después volver a casa, para almorzar en familia. Y que el resto de la tarde te la dediques exclusivamente a vos para hoy a la noche. Necesitas que todo salga perfecto, y hasta que no estés ya casada, festejando, no vas a estar tranquila.
Te sale por naturaleza, vos sos así: perfeccionista y rompe bolas (en el sentido bueno, si lo hay).
― Gorda, ¿ya estás? –Pedro que hace quince minutos está listo, al igual que Olivia y Lola.
Odias que te apuren, y por eso respiras hondo y te apuras para buscar tu cartera, y encontrarte con ellos que te están sonriendo. Estas muy linda.
― Listo –les sonreíste. A pedido tuyo se sacaron una foto los cuatro contra el reflejo del espejo del fondo del pasillo que amas, profundamente. Y cuando logran una foto linda después del segundo intento, vos alzas a Oli y salen para el juzgado en donde te espera tu gente, la de Pedro y el juez.

El salón donde están te parece chico, te sentís un poco mareada y supones que es por el calor. Por el calor, los nervios, y las ansias que sentís. 
Cuando llega la juez, que les sonríe ampliamente, y vos te relajas un poco, ustedes se ponen de pie, y empieza la ceremonia.
A tu lado izquierdo esta Pedro quien te toma de tu mano, del otro esta tu papá, y del lado izquierdo de Pepe esta Anita, feliz de vivir este momento junto a su hijo y a su nuera, vos.
Es la juez quien les nombra todas las leyes, las cuales ustedes asienten, estando de acuerdo. Luego, les hace firmar la libreta de matrimonio, y que se miren por un instante ustedes dos, para que se sonrían. Te emocionas, y no sabes cómo va a ser en la ceremonia de la iglesia, que es más emotiva. 
― Una vez ya leídas las leyes y ustedes, Paula Chaves, Pedro Alfonso, estar de acuerdo. Los declaro marido y mujer –Les sonríe, y ahora vos lo vez a él que te mira con la misma emoción que vos lo miras, para luego sonreírse, y besarse suavemente, abrazarse. Y que los aplaudan, felices por ustedes.
― Te amo –Le dijiste vos emocionada en su oído mientras están abrazados.
― Te amo, mi amor.
― Muy bien, señora Alfonso –Te dijo la juez, y vos sonreíste – Señor Alfonso, su libreta de matrimonio –Se las entrego y entonces se sacaron una foto con la juez y la libreta.
No dan más de felicidad.
Cuando la ceremonia acabo, ustedes se quedaron agradeciendo a la juez, para después salir afuera, donde los esperaban sus familiares con el arroz en la mano.
― ¿Es necesario? –Preguntaste vos, y sí. Es necesario.
― ¡Miedo! –Te dijo Pepe, para que ustedes sonrían y al fin salir, para que le tiren el arroz y rían, felices.
Los miles de saludos y felicitaciones, los abrazos eternos, las sonrisas y lágrimas. No das más de feliz, y vivir esto con la gente que queres te pone mucho más feliz.
Despues de unas fotos, ustedes se despidieron del resto, y salieron a casa de Miguel, porque hoy almorzaban allá, con tu papá, hermano y cuñada, y tus suegros con tus cuñados y sobrinos.
Ocho y media de la tarde y no dabas más de los nervios. Te tenían encerrada en un cuarto, con la modista, la peinadora, maquilladora y Eve. Estas ansiosa, emocionada y con muchas ganas de ver a Pedro.
Necesitas verlo antes de que salgas, y lo veas en el altar. Y por arte de magia tocan la puerta, y presentís que es él, queres que sea él.
― Déjame verla, por favor –Lo escuchaste y te diste vuelta. Eve luchaba contra que no, obvio que era mala suerte ver a la novia con vestido antes, o eso decían.
Agarraste una toalla y se la tiraste a Eve
― Ponete esto –Le dijo ella, entonces cuando él le hizo caso, y ella se encargó de que no vea ni un poquito, los dejaron solos. 
― Amor… ¿Dónde estás? –Dijo él y vos sonreíste, entonces te acercaste para abrazarlo por el cuello y que el sonría al instante – Hola.
― Estas muy lindo mi amor
― Vos también –Levantaste una ceja – lo sé, porque si con un pijama estas hermosa, con el vestido de novia estas el triple de hermosa –Y reíste.
― Te amo –Lo besaste suavemente – Siempre.
― Siempre, siempre juntos. Quiero pasarme mi vida siempre a tu lado.
― Yo también, siempre juntitos –Lo abrazaste con más intensidad, y él te beso, con todo su amor – Anda, dale gordo.
― Si… Chau –Te beso – te amo mi vida.
― Te amo – último beso y él se fue. Bueno, casi que se mata al chocarse con una de las sillas, vos reíste, y por suerte encontró la puerta.
Suspiraste, enamoradísima.
Despues de los últimos retroques, llego la hora, y tu papá hizo presencia. Salieron a la entrada de la iglesia, y las vistes a ellas dos: a tus dos amores, a tus dos vidas: Loli y Oli, quien estaba tomada de la mano de su hermana, porque no camina solita, Loli lleva los anillos y Oli una canastita con flores. Las amas.
― Estás hermosa mami –Te dijo Lola y vos le sonreíste.
― Vos también mi amor, las dos, están hermosas –Dejaste un beso en las mejillas de las dos – Las amo. ¿Estás nerviosa? 
― Un poquito –Y sonreíste – papá dijo que está nervioso, ¿vos estás nerviosa? 
― También, un poquito.
Las hicieron callar, porque una melodía empezó a sonar y ya era la hora.
― ¿Lista? – te murmuro tu papá con su sonrisa y sus ojos cristalinos.
― Sí – murmuraste, también con tu sonrisa y tu emoción.
― Te quiero mucho ¿sí? Y estoy feliz por vos y por Pepe.
― Yo también te quiero, mucho. Me encanta que me estés apoyando, como siempre lo hiciste.
― Siempre te voy a apoyar mi amor –Sonreíste, feliz. Y un poco que te abrazo de costado. 
Viste entrar a tus dos hijas con un pasito lento, hasta el altar, donde fueron recibidas por su papá, para que después se queden a un costadito con Lu y Sonia. 
Te retocaron la cola de tu vestido, y después les dieron el okey, para que entres por esa alfombra roja, acompañada de tu papá. Y que la emoción te invada, al ver a toda la gente que esperabas ver, que hacía mucho no veías, y que simplemente por aquella gente que siempre estuvo para vos, para Pepe. Sentías que uno de tus sueños se cumplían, estas entrando al altar con tu papá, para entregarte al amor de tu vida, el padre de tus hijas, el hombre con el que queres vivir toda una vida junto a él, el que te entiende, te acompaña y te enamora siempre, todos los días, con cada pequeño acto que hace, sea una mirada, un abrazo, un “te amo”, un reto, te enamora, siempre.
Llegas a su lado, y se miran, emocionados, con sus sonrisas que transmiten todo el amor que se tienen el uno por el otro. Unís tu mano con la de él y el sacerdote los mira, trasmitiéndole una paz que solo los curas, avece te dan en estos momentos.
Y sin dar muchas vueltas la ceremonia empieza, y sus palabras te emocionan, te hacen llorar un poquito, capaz que a veces sonreís y porque no, reis, lo vez a Pedro y si, recontra confirmas que es el hombre al que vos elegís, todos los días de tu vida.
Bendijo los anillos, les dio unas palabras, para que después sea hora de entregar los anillos el uno al otro.
― Pedro Alfonso, ¿quieres recibir a Paula Chaves como esposa, y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y, así, amarla y respetarla todos los días de tu vida? –Pregunto el sacerdote.
― Sí, quiero –Dijo, sin dudar Pedro. Y se te escapo una sonrisa acompañada de una lágrima.
― Paula Chaves,  ¿quieres recibir a  Pedro Alfonso, como esposo, y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y, así, amarle y respetarle todos los días de tu vida? –Le sonreíste.
― Sí, quiero.
― El señor, que hizo nacer entre vosotros el amor, confirme este consentimiento mutuo, que habéis manifestado ante la Iglesia. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. Hecho las preguntas necesarias, Pedro Alfonso, Paula Chaves, ¡Los declaro marido y mujer! –Sonrieron –Puede besar a la novia caballero – Se miraron, se sonrieron, se abrazaron, y se besaron con todo el amor que sentían. Escuchaste los aplausos y estabas tan emocionada.
― Al fin maridos y mujer –Dijiste vos, feliz.
― Al fin sos señora Chaves de Alfonso –Dijo él y vos sonreíste –te amo mi amor, siempre te voy a amar, siempre.
― Para toda la vida, te amo –se volvieron a besar.

Sonreías bailando con Lola de la mano y con Oli a upa. Las estaban disfrutando, vos estabas disfrutando, Pedro estaba disfrutando, toda la gente querida que estaba con ustedes estaba disfrutando. Y te llenaba el alma el saber que había salido todo como lo planearon, disfrutaste tanto, tanto. 
Fue cuando se acercó Pedro, tú marido, a ustedes, que vos le sonreíste ampliamente, y después de alzar a Loli él te abrazo suavemente a vos por la cintura, para que queden los cuatro cerquitas. Y que los cuatro se encuentren con sus miradas, que Loli te abrace por el cuello y que sea Oli quien intente acariciar la mejilla de su papá, pero a veces puede ser tan bruta.
― ¿Cómo las están pasando? – Pregunta él a sus mujeres.
― ¡Bien! –Dijo Loli, con alegría. Ella está feliz que de una vez por todas sus papás se hayan casado.
― ¿Enserio? –Ella asintió y él le sonrió. Vos también sonreíste – Yo también la estoy pasando muy bien.
― Es imposible no pasarla bien si estamos juntitos, los cuatro –dijiste vos.
― Es verdad –Dijo Loli – la pasamos muy bien los cuatro juntitos.
― Y con todas las personas que nos quieren –Dijo Pepe – Pero ustedes son mis personas preferidas –Le sonreíste.
― Las mía también –Vos – Los amo, son lo más lindo que tengo 
― Yo también los amo, son los papis y Oli hermanita más lindos que tengo –Sonrieron, para llenarla de besos.
― Las amo –Dijo esta vez Pepe, y Oli pego un gritito, para que ustedes rían – Ya sabemos que nos amas también Oli –Rieron otra vez.
Felices, de tenerse el uno al otro.

  Continuara...
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